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miércoles, 11 de diciembre de 2013

SANTIAGO JORDI, vinos que acarician.



Foto de www.santijordi.com
Hace unos días tuve la suerte de ser invitado a una presentación de 3 vinos tintos en el salón del Sherry Golf Jerez. Son vinos que yo personalmente, estaba deseoso que salieran al mercado, porque sabía que iban a ser especiales por lo que ya había escuchado de amigos que han podido comprobar sus cualidades. Vinos de pequeñas producciones, de viñas escondidas u olvidadas que con buenas manos e intenciones dan lo mejor de sí, lo mejor de su terreno o terroir. Os escribo sobre los vinos de Santiago Jordi Martín, un joven enólogo y viticultor con varios cargos a sus espaldas, entre los que está ser Presidente de la Federación Española de Asociaciones de Enólogos, pero a la vez es una persona que irradia ilusión y seguridad en lo que hace, y principalmente ama al vino, concepto tan importante para elaborar vinos con sentimientos como los que está haciendo.



Viñedo junto al Monasterio
 de la Cartuja
Son vinos de autor, aquellos que reflejan la filosofía que quiere transmitir su elaborador o creador, buscando en todo momento llevar la uva a la copa. La vida de Santi Jordi transcurre como la de muchos enólogos modernos como por ejemplo Telmo Rodríguez o Raúl Pérez, buscando pequeñas viñas o pagos únicos por toda España y también fuera, para estudiarlos y sacar todo lo bueno y exclusivo de la planta y transmitirlo a la copa. La intervención de Santi Jordi en la bodega sólo va encaminada a potenciar esa personalidad de la uva y su terroir de manera racional, incluso apartándose de directrices y reglas implantadas por las diferentes organizaciones de las zonas, siempre con la finalidad de emocionar al consumidor. Tal es así, que cada año, cada cosecha, determinará el producto final en cada botella, es decir, un mismo vino será diferente cada añada, pudiendo cambiar las variedades, porcentajes, técnicas en la elaboración, etc. con el fin de que su autor, Santi Jordi, consiga el resultado óptimo, su vino de autor.

Os paso a hablar sobre sus vinos presentados, aunque tiene muchos otros que pronto también saldrán al mercado. De momento estos, son personales y emocionantes:


MARGARITO Y AMAPOLO 2012


80% petit verdot y 20% graciano (¿tintilla de Rota?) de viñedos de entre 9 y 13 años de 
Jerez de la Frontera.
Vino de la Tierra de Cádiz.
Criado en barricas de roble francés (75%) y americano (25%) durante 6 meses.
Botella número 0525 de 1155 botellas.
14% alcohol.
19,50€ aprox.


Vino procedente de una parcela de la finca familiar de Santi Jordi, pegada al Monasterio de la Cartuja de Jerez y rodeada de muchas flores como las margaritas y amapolas, de ahí el nombre del vino. El autor apuesta por un coupage de dos de las variedades tintas con más auge en la provincia de Cádiz como son la petit verdot, uva francesa que da excelentes resultados en esta zona del sur, y la graciano riojana, que tiene muchas posibilidades de ser en realidad la autóctona tintilla de Rota, la cual está resurgiendo para convertirse en una variedad referente en tintos secos.
Tras la cata os puedo decir que es un vino que transmite la territorialidad de la zona, la mineralidad del suelo, y eso es una de las cualidades que más me gustan en un vino.
En copa nos lo encontramos un poco cerrado al principio (baja intensidad de aromas), incluso con algunos olores reductivos de su elaboración y estancia en botella, por lo que aconsejo una buena oxigenación, principalmente en una decantadora para disipar esos olores y despertar los matices y potencia que guarda el vino. Tengo que destacar que en este vino, Santi Jordi sólo aprovecha los rigores del invierno para estabilizarlo de forma natural, es decir, sin estabilización física ni química, sólo estacionaria. Debido a esto y a su naturalidad, pueden aparecer en la vida en botella precipitados dada su elaboración.
Un vino impresionante y de una calidad exquisita pero que pienso aún está muy joven y que con toda seguridad ofrecerá más matices en un par de años si se conserva adecuadamente en botella.

(Este vino pertenece a mi selección personal y lo podéis conseguir en www.defiguereovinos.com)


VISTA
De color rojo cereza intenso que irradia juventud, capa alta y ribete amoratado. Al mover la copa se muestra algo denso, tiñendo la copa y dejando gruesas lágrimas que bajan lentamente por el cristal.

OLFATO
Cerrado al inicio con tímidos olores reductivos que van desapareciendo con una buena aireación. Despierta y se muestra joven y potente con concentrados aromas de fruta negra (moras), cacao, tímidos tostados, hojas secas, mineralidad. Con el tiempo, esta nariz va progresando y desarrollando nuevos aromas, apareciendo recuerdos a regaliz negro y tartaletas de grosellas. Una nariz fresca, compleja y con pureza de matices.

GUSTO
Entra suave y fresco; prosigue ligero, ágil y sabroso; con unos taninos sedosos y una acidez de libro. Una boca con un extraordinario equilibrio y complejidad que perdura en el tiempo con mucha fruta negra y recuerdos minerales.


SER O NO SER 2011


100% Tinta de Toro de cuatro parcelas de un viñedo de entre 40 y 55 años en la provincia de Zamora.
D.O. Toro.
Criado en barricas de roble francés (75%) y americano (25%) durante 12 meses.
Botella número 0579 de 9146 botellas.
14,5% alcohol.
14,50€ aprox.


Éste puede ser el vino más comercial de Santi, pero no por ello, menos interesante. Pertenece a la D.O. Toro, pero se desmarca de los tradicionales vinos de esa zona, potentes y estructurados, procedente de varias parcelas seleccionadas por su interesante terroir y altitud (entre 690 y 750 metros). Es un “toro” de autor sedoso y fresco.
Un vino para tomar ya o para dejar un par de años, donde responderá con otros aromas sutiles de su estancia reductiva. Un “toro” diferente.

VISTA
Brillante color rojo cereza de media capa con ribetes morados y total limpidez. Buena lágrima.

OLFATO
Aromas medio intensos a fruta roja madura, lácticos (mantequilla), elegantes tostados, flores secas, balsámicos y fondo mineral (caliza). Femenino y seductor en nariz.

GUSTO
Boca suave y ligera, con acidez bien integrada y finos taninos marcados. Final persistente con recuerdos a fruta pasada y leves tostados. Equilibrio y frescura.


FLOR DE UN DIA 2009


100% Tempranillo de una parcela en ladera (870metros) con suelo muy poco fértil de un viñedo de entre 85 y 90 años en la provincia de Valladolid.
Vino de Mesa (Castilla y León).
Criado en barricas de roble francés de primer y segundo año durante 14 meses y afinamiento final en botas de palo cortado durante 8 semanas.
Botella número 0195 de 2286 botellas.
14,5% alcohol.
23,50€ aprox.


Este vino es una de las apuestas personales más fuertes de nuestro autor, que vuelve a sus orígenes, Jerez, para hacer realidad una idea que siempre ha estado rondando su cabeza… pasar un vino tinto por botas de vino de Jerez, esta concretamente de palo cortado. Tras varios intentos años atrás experimentando esta peculiar crianza en vinos tintos, es en esta añada donde ha conseguido lo que quería, transmitir en un vino tinto algunas de las peculiaridades que otorga una crianza oxidativa con tanta personalidad y autenticidad como es la del palo cortado en un equilibrio perfecto. Exactamente, la utilización de esta bota la realiza en el momento de la fermentación durante unos 9 días en botas abiertas y también al final, en el “afinamiento” de la crianza, justamente después de su crianza en barricas de roble francés y antes de su estabilización y filtrado ligero por placas antes de su embotellado. Su larga crianza en botella es la que le otorga definitivamente esos sutiles matices del bouquet terciario de los vinos de Jerez, integrándolos y consiguiendo una óptima conjunción organoléptica. Por esta causa, aconsejo una buena oxigenación para que este vino muestre sus “escondidas” bondades de vino generoso. Un verdadero Vino de Autor.

VISTA
Bonito y brillante color rojo cereza de media intensidad con ribetes morados y lágrima presente.

OLFATO
Nariz fragante, perfumada, femenina, intensa, con recuerdos de fruta roja pasada algo licorosa, balsámicos (romero), vainillas, pipas tostadas. Complejo.

GUSTO
Boca amable al entrar, fresca, ligera, fina, amplia, con acidez integrada y taninos presentes pero sedosos, y final muy suave, placentero. Un excelente vino fácil de beber que evoluciona en copa y en botella muy positivamente.





Tres vinos diferentes entre sí, con semblantes puros y auténticos. No soy brujo ni predigo el futuro pero estoy muy convencido de que este joven enólogo y apasionado de los buenos vinos está en el buen camino de todo lo que tienen que demostrar nuestros vinos, y mas concretamente de los vinos de la Tierra de Cádiz.


Desde aquí, quiero dar mi enhorabuena a Santi Jordi por darnos la oportunidad de poder probar sus vinos de autor, vinos con sentimiento, vinos que acarician.




jueves, 21 de febrero de 2013

PETIT VERDOT SANCHA PÉREZ 2011, frescura atlántica.



Visitando una bodega conoceremos sus viñas, su sala de elaboración y crianza, sus vinos, su climatología, su historia… pero lo más placentero, y esa es mi opinión personal, es conocer a su gente y sus proyectos. Un gran proyecto, ilusionante y prometedor, es el llevado a cabo por un empresario sevillano con mucho de gaditano en la comarca de la Janda, entre Conil y Vejer. Ramón Iglesias Pérez hace realidad una ilusión que anda de la mano con la naturaleza, respetándola en todos los sentidos y participando en el ciclo natural de la vida. Bodega Sancha Pérez es el nombre de la misma, en honor al antiguo dueño de esas tierras (Sánchez Pérez), y retoma el cultivo tanto de la vid como del olivo en un término que, antiguamente en los siglos XVII y XVIII, estaba muy ligado a nuestra cultura vinícola y oleica. Su agricultura es totalmente ecológica, teniendo cultivados árboles frutales (ciruelos) y variedades de plantas aromáticas (lavanda, romero, laurel, tomillo,…) muy beneficiosas para la zona por su acción polinizadora e inmensamente positivas para la vid, ya que estos insectos (ej.: la mariquita) atraídos por estas plantas combaten las posibles enfermedades sin necesidad de añadir insecticidas ni fungicidas químicos. Es decir, hacen un favor a la naturaleza de la zona reforzando su biodiversidad, a la vez que respetan la esencia del vino, su naturalidad.


Ramón Iglesias en la sala de crianza

La razón o excusa de la visita a esta bodega fue la asistencia a la poda invernal de la vid que en esta zona siempre se realiza por estas fechas y de la cual os contaré más adelante y por encima de qué va. Cargado con mis dos niños y acompañado por mi buen amigo Benjamín Colsa, ponemos rumbo, como si de una aventura se tratara, a esta curiosa bodega. El acceso del camino que lleva a la bodega está un poco escondido, si no estás muy atento te lo pasas, pero el caminito es para llevar un 4x4 o similar, ya que en época de lluvias se vuelve casi intransitable por la gran cantidad de fango y enormes charcos que nos encontramos. Después de unos 2km de “caminito”, por fin llegamos a la finca. Desde el primer momento ya te avisan de cuál es su filosofía… ECOLOGIA, plasmada con grandes letras pintadas sobre la fachada de entrada en 4 idiomas junto al nombre de la bodega. Ramón nos recibe con los brazos abiertos y nos enseña toda su finca, desde las viñas sin labrar hasta la pequeña bodega. Nos explica cuál es su forma de entender el trabajo en el campo, respetando siempre el hábitat de la zona y participando en la riqueza de su naturaleza, siempre con cultivos ecológicos. De la elaboración de sus dos vinos lo más significativo es que, después de una cuidadosa selección manual en bodega, el mosto fermenta en tanques de acero con remontados diarios (bazuqueos) y después es trasegado a otro tanque para la fermentación maloláctica donde el ácido málico se transforma en láctico y pierde gran parte de esa aspereza que podríamos encontrarnos del vino en boca. Sus vinos son madurados durante varios meses en barricas de roble francés para que ganen en estructura y aromas terciarios, y finalmente se afinan en botella durante otros meses redondeándose.


Volviendo al tema de la poda invernal, puedo deciros resumidamente que esta es la poda por excelencia y la más importante en el ciclo de la vid, ya que de ella depende en gran medida la cantidad y calidad del fruto del año que se avecina, y por consecuencia del vino. Se debe realizar durante el invierno cuando son constantes las bajas temperaturas, en el período de reposo vegetativo o como se dice también “cuando la vid duerme”, ya que prácticamente no corre savia por los sarmientos, la cual está acumulada en tronco y raíces, evitando el debilitamiento de la planta y de su salud. El fin de este ejercicio es mantener la forma de la cepa según el sistema de conducción elegido y de camino ralentizar el envejecimiento de la misma cortando su alargamiento excesivo. Existen diferentes tipos de poda según el sistema de conducción, pero en la zona del Marco de Jerez la más utilizada es la clásica de “vara y pulgar” o “jerezana” en la que se alternan cada año la vara con 8 yemas (de aquí nacerán los racimos de uva) y un pulgar con una yema, que será la vara del año siguiente. La vara se podará en corto, convirtiéndose en el pulgar del año siguiente, y así año tras año.


Unas 10.000 cepas de cuatro variedades de uva son las que están cultivadas en esta finca desde el año 2009: tempranillo, cabernet sauvignon, tintilla de Rota y petit-verdot. Pero Ramón tiene como preferidas la autóctona tintilla de Rota y la casi autóctona petit verdot. Y digo casi autóctona porque esta noble variedad de origen francés, más concretamente de la afamada zona de Burdeos, se ha adaptado a la zona sur de Andalucía como ninguna otra. Se nota que a esta variedad le viene estupendamente bien el clima de esta zona, muy caluroso y con gran insolación en la época de verano, ya que tiene fama de ser un poco rebelde a la hora de madurar en climas menos calurosos, de ahí su nombre “pequeña verde”, por la cantidad de uva verde (no madura) que seguía en el racimo cuando ya era la época de vendimia para muchas otras variedades, es decir, es de maduración tardía. Sólo tenemos que rebuscar un poco en los tintos que se están haciendo en la provincia de Cádiz para darnos cuenta de que cada vez son más las bodegas que se dan cuenta de su enorme potencial y la vinifican de forma independiente para sacar un buen vino monovarietal. Ejemplos de estas bodegas son Luís Pérez o Hermanos Holgado, dos bodegas también con gran proyección junto a la protagonista de hoy, Sancha Pérez.
Esta es la primera añada en la que el enólogo de esta bodega, Miguel Gómez Lucas, que por cierto es gaditano y enólogo también de Compañía General de Vinos de Cádiz (Bod. Regantío), saca unas 400 botellas de este 100% petit verdot ecológico, ya que el otro vino con el que la bodega lleva un par de años contiene un pequeño porcentaje de esta variedad acompañando a otras dos variedades, tempranillo y cabernet sauvignon. Pero es sobre este monovarietal ecológico sobre el que os quiero hablar ya que fue la botella elegida para llevarme de esta bodega. Tenía curiosidad sobre qué cualidades tendría este vino teniendo en cuenta las particularidades de la variedad respecto a la composición del terreno y la escasa proximidad al mar. Y aunque me hayan advertido de que, debido a su juventud y a la potencia y estructura tánica en boca de esta variedad, lo dejara reposar durante algo más de tiempo en botella, no me he podido resistir y he tenido que abrirla arriesgándome a cometer un infanticidio vínico. Vamos a ver que nos cuenta:
SANCHA PÉREZ PETIT VERDOT 2011

100% petit verdot de cultivo ecológico.
Conil de la Frontera (Cádiz).
8-10 meses en barricas de roble francés.
14,5% alcohol.       
Producción de 400 botellas.
20€ aprox.




MIRADA
Su color es muy cubierto e intenso, opaco, recordándonos a la picota muy madura con un ribete morado casi inexistente. Esta característica está directamente relacionada no sólo con la naturaleza de la variedad sino con su elaboración, encaminada a la máxima extracción de sus componentes tanto aromáticos como cromáticos. En este caso, gran culpa de esto lo tienen sus remontados con bazuqueos, como ya antes mencioné, que consiste en romper la masa sólida de uvas o “sombrero” con remontados del vino para que este extraiga la mayor cantidad de colorantes, aromas y demás componentes polifenólicos, es decir, su fin es que el vino final sea lo más personal posible.
Su movimiento en copa es medianamente denso, dejando una lágrima coloreada que baja por el cristal lentamente.

FRAGANCIAS
A copa parada ya sobresalen intensos aromas muy varietales y con raza pero muy aglutinados, así que después de rotar varias veces la copa y seguir mostrándome esa “timidez”, decido realizar un jarreado enérgico en una jarra decantadora para que se expresen abiertamente y de camino suavice esa supuesta astringencia que supongo me encontraré con seguridad en la fase gustativa. Y así es. Aparecen aromas potentes que nos avisan de la estructura que puede tener el vino en boca. Muchísima frescura y fruta madura que se conjugan con la madera para regalarnos un deleite de sensaciones. Complejidad, frutosidad, carácter, concentración y profundidad. Fruta negra como las moras y las ciruelas maduras, melocotones rojos, algún tostado sutil y virutas de lápiz que nos ceden la barrica, pimienta negra, hoja de tabaco, fondo a tinta china y grafito…

SORBO
En boca es una gozada… frescura y concentración, algo difícil de conseguir en un vino tinto. Ah!, y acierto de pleno con el jarreo del vino. Estructurado, envolvente, tánico, varietal, intenso, sabroso, carnoso y equilibrado donde acidez, dulzura, alcohol y tanicidad se funden en uno solo para deleitarnos. En el final de boca vuelven la fruta negra, los tostados, las especies, el final seco y terroso… una persistencia de libro que nos acompaña durante mucho tiempo.

Lo que más me ha gustado de este vino es su frescura, una frescura atlántica que nos demuestra cómo una variedad de uva que necesita mucho sol para madurar correctamente y expresar lo mejor de sí, puede regalarnos un vino que aunque tenga 14,5 grados de alcohol no es para nada demasiado cálido.

Gracias Ramón por compartir con nosotros parte de la costa atlántica en forma de vino.




jueves, 27 de octubre de 2011

TINTILLA DE ROTA, de Bodegas El Gato.

Este vino es uno de esos vinos raros, de los difíciles de encontrar, de los que existen muy pocas botellas en el mercado. Es el vino local de la villa de Rota, localidad de la provincia gaditana, y es allí en sus bares y tascas donde mejor podemos degustarlo por copas en un ambiente amigable y ameno. Es un vino dulce, o mejor dicho un vino tinto de licor de la casi extinguida variedad roteña tintilla de Rota, que lleva en su composición un poco de arrope, que no es sino el mosto cocido y concentrado de la misma tintilla hasta un quinto de su volumen a fuego directo, es decir, una reducción.
Su elaboración sigue el método artesanal ayudado por las escasas nuevas tecnologías que la bodega ha incorporado. Las uvas se exponen sobre esteras de esparto tendidas en el suelo para que se deshidraten con el sol como se hace en Jerez con la pedro ximenez para la obtención de los dulcísimos e increíbles Pedro Ximenez. A continuación, se separan las uvas deshidratadas de los raspones para después echarlas junto con el arrope en un capacho para ser pisadas o a las pozas de las prensas para ser prensadas. El líquido obtenido fermenta y pasa a las botas de 12 años de solera, convirtiéndose en esta joya enológica que dormirá y mejorará en la bodega hasta su salida al mercado.

La tintilla de Rota, única protagonista de este vino del que se tienen referencias desde 1880, tiene sus granos pequeños y alargados, con aromas concentrados y poca agua, y antiguamente estaba destinada también para la elaboración de vinos tintos secos acompañando a variedades tintas de gran nombre y comportándose fabulosamente bien. De hecho, y gracias a los adelantos genéticos, se ha demostrado que la tintilla es la misma variedad que la graciano riojana o la parraleta aragonesa pero con algunas diferencias morfológicas debido a la diferencia climática y de terreno. De todas formas, la tintilla de Rota sólo es exclusiva de Rota. Al ser una vid fuerte, se pensó que era resistente a la filoxera (1870) cuando resistió sus ataques, pero esto fue debido en realidad a la buena calidad del suelo arenoso, ya que la filoxera no viaja sobre este tipo de suelos. Pero al ser un fruto de poca producción (un kilo de uva tintilla equivale a medio litro de vino), su cultivo fue desapareciendo lentamente, y hoy solamente hay unas cuantas hectáreas existentes en la provincia gaditana. Por aquellos años, el vino dulce Tintilla de Rota tenía una gran presencia en mercados como el holandés y el inglés, donde anecdóticamente se usaba como vino de misa, pero empezó a decaer a principios del siglo XX, y hoy en día se puede afirmar que es una reliquia enológica, un deseado para muchos aficionados de los buenos vinos como el que escribe.

Uno de los grandes culpables de la recuperación de esta variedad como vino dulce es Juan Martínez Martín-Niño, o para los amigos o conocidos Juan “El gato”, empresario y propietario local de la Bodega “El Gato” y único productor de esta uva con viñedos propios en Rota, al que varios viticultores de la zona le suman varios kilos de esta variedad para la elaboración de su vino dulce de tintilla. Exactamente este año 2011, se han prensado en esta bodega alrededor de 6000 kilos a través de una prensa para la pisa de más de 70 años que el mismo Juan ha ido transformando, acoplándole nuevas tecnologías para que sea más eficiente y no se quede anticuada. Según Juan, su primer objetivo es dar a conocer su vino para conseguir devolverle la popularidad que tuvo hace muchos años. Para colaborar con su misión, Juan anima a los hosteleros a contar con este vino en sus cartas, ya que venden sus botellas por 12€ y por 1,5€ la copa, un precio muy razonable teniendo en cuenta la gran calidad de este vino.

El vino tintilla de esta bodega se nos presenta con una bonita y elegante botella bordelesa de cristal negro opaco vestida con una etiqueta moderna de color oscuro con letras en vertical del nombre, cambiando así la imagen para atrapar a los nuevos consumidores jóvenes a los que nos gusta los diseños actuales y, de camino, ayudar al consumo de tan fabuloso vino. Al tener 17 grados de alcohol, yo recomendaría su consumo a unos 10 grados de temperatura, es decir, ni frío ni caliente, para poder apreciar con nitidez los rasgos dulzones de este vino sin que se nos haga pesado, con frescura.


En copa se nos presenta con un color a cuero viejo con ribetes yodados, y al moverla se nos muestra denso, marcando la copa con un anillo que deja caer lentamente gruesas lágrimas que delatan su dulzura.
Al acercárnoslo a la nariz, nos regala un mundo de sensaciones perfumadas. Higos secos, licor de café, melaza de caña de azúcar, uvas pasas, chocolate quemado, toffee, alguna especia dulce como la canela,… En nariz, me recordó cuando lo probé por primera vez a esos viejos vinos dulces de Roussillon elaborados con variedades tintas como la grenache noir.
La entrada en boca es potente y vigorosa con una acidez golosa que impera en todo su recorrido. Nos llena la boca con un paso lento y cálido por la evidencia de los 17 grados de alcohol. Su persistencia es fabulosa con recuerdos de pasas, higos y toffee.

Si observamos la etiqueta de esta botella, podemos leer la indicación de “Viñedos de España” impresa sobre ella. Pero esta indicación fue extinguida desde el 17 de Febrero de este mismo año. Sin embargo, los vinos que dispongan del Certificado Agrocolor en vigor, como es este el caso, tienen una prórroga para poder seguir señalándolo como tal hasta el 31 de mayo de este año, fecha a partir de la cual el Certificado perderá su validez. Así que las botellas comercializadas o etiquetadas de esta bodega de aquí en adelante sólo pertenecerán a la indicación de “Vino de la Tierra”.
Gracias a Rafael de La Cruz de Todo a Granel por suministrarme mi primera botella y a Jose Augusto (Novena Provincia) por regalarme mi primer sorbo de este tan preciado caldo. Espero poder agradecérselo a los dos con una copa de este vino en la tasca de la Bodega El Gato, el mejor lugar para ello.
Aparte de poder disfrutarlo en la copa, con este vino dulce se puede hacer una deliciosa salsa, acompañando por ejemplo a una riquísima lubina de la tierra (del mar, en este caso), como nos enseñan en este vídeo de canal sur cuyo enlace pongo a continuación:

Hasta otra y, ¡¡viva la tintilla de Rota!!

sábado, 15 de octubre de 2011

Visita a las BODEGAS LUIS PÉREZ, pura pasión.



De mí visita a las Bodegas Luis Pérez en Jerez de la Frontera, tres fueron los conceptos que me transmitió Willy Pérez durante su exposición: ilusión, calidad y amor por el viñedo.
Bodegas Luis Pérez es el proyecto y sueño de Luis Pérez Rodríguez, enólogo y profesor de la Licenciatura de Enología y natural de Sanlúcar de Barrameda, es figura importante en la historia del vino de Jerez con una dilatada biografía al que hace poco, en el 2008, se le concedió la Medalla de


 Oro al Mérito en la Investigación Enológica por la Federación Española de Asociaciones de Enólogos. Adquiere la finca “Hacienda Vistahermosa” situada en el cerro Pago del Corchuelo, el segundo más alto de la campiña jerezana, y se atreve a plantar las variedades tintas merlot, syrah, tempranillo, petit-verdot y cabernet sauvignon. Según nos cuenta Willy Pérez, hijo de Luis Pérez, estamos obligados a recuperar nuestra historia, íntimamente ligada a la elaboración de vinos tintos, al contrario de lo que mucha gente piensa relacionando a Jerez con los generosos. Los fenicios introdujeron, hace más de 3000 años, el vino en España por nuestras tierras, creándose los primeros tintos, así que, tenemos una de las culturas vitivinícolas y enológicas más antiguas de toda Europa Occidental.
Ahí queda eso para los franceses, que engordan presumiendo de su gran cultura vinícola.
Entre las viñas, nos muestra el sistema de conducción de doble cordón, el más indicado para este clima; nos cuenta la importancia del suelo, de la materia viva, del equilibrio entre suelo rico y suelo pobre; y del estrés hídrico para que la planta, a través de sus raíces, busque los nutrientes necesarios entremetiéndose entre las arcillas calcáreas con margas yesíferas del suelo.

Porque según Willy, “El vino se hace en el viñedo. Hoy en día, casi todos los vinos se parecen unos a otros, se acomodan al gusto del consumidor. Hay que buscar la diferenciación, sacando lo máximo y mejor de nuestro terroir, posiblemente única diferencia con la que podemos competir en la primera división de los grandes tintos”.



  Nos conduce hasta uno de sus orgullos, la “viña experimental”, dónde tienen plantadas 19 variedades de vides entre blancas y tintas, de las más conocidas, para analizar su comportamiento en estas tierras y clima, y para que los turistas visitantes puedan incluso probar o catar las uvas de las diferentes variedades. Quién sabe, en un futuro podríamos ver un vino monovarietal de monastrell o de albariño con la indicación de ¿D.O. Vinos de Cádiz?, con esta familia todo es posible…


Uno de los proyectos en los que tienen puesto más ilusión es la elaboración de un tinto seco de la variedad 100% tintilla de Rota, hoy casi en el olvido. Es una uva de grano pequeño que da vinos con un color muy oscuro y reflejos violáceos, con mucho cuerpo y sabor dulce y amargo a la vez. Según los estudios realizados, esta variedad es la misma que la graciano riojana y la parraleta aragonesa. De momento están haciendo una microvinificación en una barrica de roble francés de primer año, donde lleva tres semanas haciendo la maloláctica. Seguro que Willy demuestra que es un acierto el trabajo con esta estupenda variedad.

También tienen proyectos paralelos al vino en la finca. Uno hecho ya realidad. Es un salón de celebraciones para más de 400 personas donde existe una especie de balcón acristalado en el centro con vistas a la sala de barricas donde están madurando los vinos de la bodega. Otro es un recinto al aire libre para exhibiciones ecuestres ante unas vistas preciosas, o la plantación de una vid gigante que dé sombra a un patio pegado al recinto ecuestre para dar clases o explicaciones relacionadas con el mundo del vino. Es una bodega familiar con proyectos importantes donde todo se hace con la mayor ilusión, tan importante para triunfar en este difícil mercado.
En cuanto a sus vinos, destaca uno elaborado 100% con la variedad petit-verdot. Es el Luis Pérez Petit Verdot. Se puede decir que es un vino de autor, y junto con el tinto Taberner N1 de la bodega arqueña Huerta de Albalá, lidera la lista de los tintos de calidad de la provincia gaditana. ¡¡Qué bonito, el perrito y el caballito en primera línea!! Está madurado en barricas nuevas de roble francés de los bosques de Allier durante 12 meses, consiguiendo una petit-verdot con mucha estructura y cuerpo, aunque también es golosa, sedosa y compleja en sus aromas (toques minerales, tinta china, mina de lápiz, trufa, virutas de lápiz) donde la futa negra (moras) acompaña en todo momento, y al final, nos deja una sensación de grandeza en boca, como los buenos tintos burdeos. Un vino que, añada tras añada, va adquiriendo más calidad y más prestigio en la zona.



Sus otros dos vinos, Garum y Samaruco, son también excepcionales:
Samaruco, elaborado mayoritariamente con una syrah aromática y con personalidad, acompañada por la petit-verdot, merlot, tempranillo y cabernet sauvignon, y madurado durante 12 meses en barricas nuevas de roble francés. Nos regala aromas a frutos rojos acompañados con toques minerales, café, chocolate y unos taninos de calidad de la madera. Un vino con una r.c.p. excelente.
Garum, recientemente premiado con la medalla de plata en el concurso “Arribe de Salamanca”, compitiendo con más de 400 vinos de España y Portugal. Es la primera vez que esta bodega expone uno de sus vinos en un concurso, y parece que lo ha pasado con un sobresaliente. Este vino está madurado durante 12 meses en barricas de roble francés y americano, y para ser el tercero de la bodega, tiene una calidad excepcional (aromas florales, frutos rojos, balsámicos y de madera) con una boca sedosa y amable, más del gusto de todo el mundo.
A la hora de las degustaciones de los tres vinos, Willy buscando un poco de ingenio en la cata, nos puso a prueba con un ejercicio de coupage. Teníamos que adivinar, mediante la cata de vinos monovarietales, un coupage (mezcla) que él ya había preparado, aproximándonos, lo más posible, al tipo de variedades y a su proporción. A continuación, un enlace al vídeo demostrativo que grabó el propio Willy: 
http://www.facebook.com/video/video.php?v=287225497972231



Creo que esta bodega es un modelo a seguir por muchos profesionales jóvenes con ganas de hacer algo diferente en la provincia, crear una verdadera revolución en la producción vinícola gaditana, poniendo todos sus intereses, principalmente, en la elaboración de tintos de calidad para los gaditanos y para toda España.