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jueves, 29 de agosto de 2013

DEHESA DEL CARRIZAL SYRAH 2004, la espera mereció la pena.



El dicho que dice “el vino es mejor contra más viejo” no es del todo cierto. En este caso, juegan muchos factores que influyen en la correcta maduración del vino en botella, porque es eso lo que le ocurre al vino dentro del recipiente de cristal, madurar y evolucionar. No me quiero extender mucho en este tema, ya que podría resultar algo cansino, pero algunos de estos factores son más determinantes que otros. Eso sí, los vinos cuya materia prima son de primera calidad y se elaboran para que perduren, seguro que tendrán más vida por delante que otros de menos calidad destinados al “comercio rápido”. A parte, el encargado de bien guardar dicho vino, no sólo debe mantener las condiciones idóneas para su correcta evolución, sino que deberá tener los conocimientos necesarios sobre todo lo que rodea a ese vino para saber cuál es el mejor año para abrirlo y que ofrezca lo mejor de sí en su momento de más plenitud, tales como la filosofía de la bodega, calidad de la viña y su terreno, variedad/es empleadas, tipo de elaboración y características químicas del vino, entre otras cosas. Una cosa que es cierta y he podido comprobar a lo largo de todos los vinos que he ido probando, es que el vino con una buena estructura es apto para una buena guarda en botella, ya que ofrece potencia y equilibrio de todos sus componentes para afrontar años en botella.



Todo esto viene a cuento de que hace poco tuve la determinación de abrir una botella de vino sobre la que tenía esperanzas de que me regalara lo mejor de sí, es decir, que estuviera en ese momento de plenitud mágico y difícil a veces de acertar, y parece que acerté. Os hablo sobre un vino de los Montes de Toledo cuya bodega tiene una indicación de Denominación de Origen de Pago propia obtenida en el 2006, la máxima clasificación dentro de los vinos españoles. Es el tinto monovarietal DEHESA DEL CARRIZAL SYRAH 2004, un vino entonces de pago. Para que un vino se considere “de pago” tiene pertenecer a lo que se entiende por “pago”, es decir, “un paraje rural con características y microclima propios que lo diferencian de otros de su entorno, teniendo un nombre tradicional arraigado al cultivo de los viñedos de los que se obtienen vinos con rasgos y cualidades singulares”. También, toda la uva de ese vino de pago deberá de proceder de viñedos de dentro del pago, y deberá elaborarse, almacenarse y criarse de forma separada de otros vinos. Estos vinos de pago tienen entonces matices y características propias de ese pago, parecidos a los vinos llamados de terroir, que expresan la singularidad del terreno de donde nacen o personalidad del terruño.




En la D.O. Pago Dehesa del Carrizal las viñas, todas cultivadas en torno a la bodega como un château, están conducidas en espaldera y con riego por goteo a una altura considerable de entre 800 y 900 metros, tan beneficiosa para la correcta y lenta maduración fenólica de las uvas. Esta y otras características como la de que sus vinos son clarificados con albúmina de huevo y con mínima filtración, dan a estos vinos un plus de confianza a la hora de la compra, dando la tranquilidad de la gran calidad que se está adquiriendo. Además, el creador de estos vinos es el formidable enólogo Miguel Ángel Benito en compañía del incansable y excelente enólogo Ignacio de Miguel, de quien ya he escrito algo en este blog… un punto más para este vino de syrah!!

Ese momento de plenitud o magia que os comenté antes fue todo un gozo. Es ese intervalo en el tiempo en el que el vino está totalmente equilibrado en todos sus aspectos. Fruta y madera en armonía sobre un manto de sutiles y complejos perfumes que forman un fabuloso bouquet. No os entretengo más y paso a comentaros su análisis:


DEHESA DEL CARRIZAL SYRAH 2004

100% syrah de viñedos a 900 metros de altura.

Vino de Pago de la D.O.P. Dehesa del Carrizal, Retuerta de Bullaque (Ciudad Real).

Criado en barricas de roble francés durante 12 meses.

Botella número 001/07/DC de 22282 botellas.

14% alcohol.

10€ aprox.



VISTA

A la vista se muestra con un bonito color rojo cereza oscuro de capa media alta, cubierto, brillante y con ribetes pardos que indican su evolución en el tiempo. Limpio y ligero en su movimiento, dejándonos en copa unas bonitas y lentas lágrimas.



OLFATO

A copa parada ya muestra su intensidad y carácter. Finas notas de fruta negra algo pasada en compañía de sutiles aromas dulces de su estancia en barrica francesa. Movemos la copa y se nos muestra aún más intenso y complejo. Impresiona comprobar cómo a lo largo de estos años en botella, ha formado un abanico amplio de perfumes y matices muy conjuntado y en armonía. Fruta negra licorosa, mueble viejo de caoba de salón, especies (pimienta negra), tímida vainilla, aromas animales (caza), cuero marroquí, fondo mineral (piedra caliente)… magnífica nariz que me traslada a la afamada zona francesa de Côtes du Rhône, donde podemos encontrarnos con los mejores syrah del mundo.



GUSTO

En boca lo mismo de lo mismo, magnífica!!
Estoy ya seguro. He abierto este maravilloso vino en su momento top, en su mayor cúspide, emocionante!!
Un vino para deleitarlo muy lentamente, sin prisas ni planes por delante. De los que se beben sin acompañante de plato, sólo el vino en una copa bien grande y de boca estrecha como la de la foto. Una guarda que bien ha merecido la pena, el esperar tuvo su recompensa y seguro que su precio ahora estaría por las nubes, seguro. Os comento cómo lo encontré en boca: Aparece amable, intenso, sabroso, concentrado, amplio en su recorrido, aterciopelado, expresivo, complejo y largo en su final. Un vino fino y elegante, muy equilibrado en todas sus fases en boca. En retronasal sobresalen esos aromas de un bouquet de mucha calidad… caza, mineralidad y fruta muy madura.




Los vinos como las personas, maduran y envejecen, viven su historia y aprenden de ella. Unos salen airosos de su día a día y se hacen más interesantes y complejos, y otros sucumben ante las dificultades. Sólo la bondad y, a veces, el azar determinan el triunfo en la vida.




¡¡Larga vida al buen vino!!










viernes, 22 de julio de 2011

ZIRIES 2008, un proyecto hecho realidad.



La paciencia y el duro trabajo siempre tienen su recompensa. Este vino es el resultado de un ilusionante proyecto de varios amigos viticultores, que junto con su pasión por el vino han visto realizado su sueño. Empezaron en el año 2002 con una pequeña bodega en San Pablo de los Montes (Toledo), pero pronto se les quedó pequeña y se trasladaron en 2005 a la actual, en Cuerva. Se trata de Bodegas Lobecasope de los Montes de Toledo, con una filosofía de viticultura biodinámica y una recuperación de viñedos abandonados de garnacha tinta que rondan los 48 años. Más concretamente, la parcela de donde procede este vino, Ziries 2008, tiene 53 años, de suelos profundos y composiciones arenosas, calcáreas y arcillosas. Son cepas sobre pie franco, sobre las que se le aplican una agricultura ecológica, aunque sin certificación para no aumentar los gastos.



Y es que la garnacha está de moda, y no sólo en España. Poco a poco y con el esfuerzo de las bodegas que la emplean en sus vinos, principalmente en pequeños proyectos artesanales y de producciones pequeñas, sacan la máxima expresión de esta variedad, que fue no hace mucho la más plantada del país, para mostrarla en el extranjero y darle un impulso como a ninguna otra uva tinta española, a excepción de la poderosa tempranillo. El éxito de esta variedad se basa principalmente en el trabajo en el viñedo. Son las viñas viejas de garnacha las que están teniendo verdadero éxito, como son las de este vino, de 53 años de edad. Esto es debido a que estas cepas acumulan sustancias de reserva, cada año, ofreciendo producciones más bajas, aunque la calidad de la uva es mucho más estable, consistente y con una mayor concentración. Esto también implica que las añadas sean más regulares, siendo estas viñas viejas muy valoradas por los viticultores y enólogos. Hay que recordar que esta variedad de uva tiene tendencia oxidativa, y no es una uva con mucho color ni con una gran estructura tánica para permitir al vino envejecer durante largos años. Sin embargo, bien tratada, nos regala vinos muy perfumados, elegantes, minerales y equilibrados.

Flequi Berruti, César Ruiz y Nacho Jiménez, amigos y socios de La Tintorería.
 Flequi Berruti es uno de los máximos responsables del éxito que está teniendo este vino. Actualmente es socio-propietario de la ingeniosa y dinámica tienda de vinos “La Tintorería” de Madrid. Anteriormente, estuvo trabajando en la vinoteca “Lavinia” durante 7 años, dónde conoció a los sumilleres y enólogos Nacho Jiménez y César Ruiz, sus futuros socios en La Tintorería. Esta tienda tiene alrededor de 1.500 referencias, repartidas entre vinos nacionales e internacionales, con especial atención a vinos de bodegas artesanales de pequeñas producciones numeradas, vinos biodinámicos y vinos de variedades autóctonas muy difíciles de encontrar. Ah sí, se me olvidaba, los vinos de la Borgoña son su delirio, y eso se trasmite y se siente en la tienda.
Volviendo al vino en cuestión, quieren llevar a cabo un gran reto, contradictorio a lo habitual en esta zona: reducir el peso alcohólico y la golosidad típicas del centro de la península. Así, al mando de la enóloga de la bodega, Sonia López, buscan el equilibrio, la elegancia y la sencillez, junto con la expresividad de la uva y el terroir. Esta añada del 2008 es la primera en comercializarse, aunque existe desde el 2004 con producciones mínimas para los amigos.
El otro vino de esta bodega es Navalegua, nombre elegido por la enóloga Sonia López. Es un vino con aromas más finos, florales y delicados, con un pequeño aporte de madera que da consistencia al vino.
Como última noticia sobre este vino, hay que señalar que en su añada del 2008, ha sido valorado recientemente por el afamado crítico norteamericano Robert M. Parker con 91 puntos, aunque en realidad ha sido su colaborador Jay Miller, responsable en la revista “The Wine Advocate” de la cata de los vinos españoles, entre otros. Un gran éxito para esta bodega y todo su equipo, que esperaban expectantes la calificación de tan prestigioso crítico vinícola, y el reconocimiento a la valentía de haber recuperado viñas viejas y abandonadas en Cuerva y San Pablo de los Montes de Toledo.

ZIRIES 2008
·        Bodega: Bodegas Lobecasope.
·        Zona: Vinos de la Tierra de Castilla (Montes de Toledo).
·        Tipo de vino: Tinto con madera.
·        Meses en barrica: 14 meses en barricas de roble francés de 500 l.
·        Variedades: Garnacha.
·        % alcohol: 14,5%.
·        Precio aprox.: 10€.
·        Punt. Personal (0-100): 72 ptos.

El vino se nos presenta con un bonito color rojo cereza con ribetes morados, de capa media, brillante, densidad media y lágrimas medio-rápidas.
Nariz seductora, de intensidad media-alta con aromas a violetas, lavanda, frambuesa madura, albaricoque, regaliz y humo. Se aprecia el hincapié en anteponer en la elaboración la fruta a la madera a pesar de sus 14 meses de barrica, con un discreto cacao en segundo plano.

Boca fresca con una entrada seca, nerviosa y juguetona, de cuerpo ligero y paso rápido. Pronto aparecen notas astringentes, dejando la boca con una sensación de sequedad y verdor al final de la lengua. Sus 14,5 grados de alcohol se hacen presentes, que junto a los taninos verdes quitan calidad en boca a este vino. Quizás necesita más tiempo en botella para pulir esos potentes taninos y honrar a esa nariz que es verdaderamente extraordinaria. No es un vino para todos los públicos, en mi opinión es para gente ya avanzada que entiendan los rasgos de este gran vino.

Cada añada, este vino se va puliendo en su elaboración y va ganando en calidad. Según me cuenta Flequi, “el 2010, si no pasa nada raro, dará que hablar, porque incluso nos gusta más que el 2009, que está francamente bueno. Hemos trabajado con un 20% de raspón y nos ha gustado verdaderamente el tipo de vino que ha salido con esta nueva forma de elaborar: vinos con más frescura, más largo de boca y con una fruta más presente”. Habrá que catarlos para poder compararlos.

Desde este blog personal quiero agradecer a Flequi Berruti su predisposición a informarme sobre todas las dudas que me han ido surgiendo durante la realización de este artículo, y felicitarle por su devoción hacia este mundo tan bonito del vino, que se traslada a todo lo que hace.

¡¡Que Bodegas Ziries siga recuperando viejas garnachas de Cuerva y San Pablo de Toledo!!