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sábado, 7 de abril de 2012

TINTO DULCE ALBERITE 2009, el vino chuchería de Bodegas Regantío.




Que las tierras de Cádiz dan excelentes vinos dulces no es un secreto. Son los que proceden principalmente del Marco de Jerez, mundialmente conocidos, creams, pale creams, médiums, Pedro Ximenez, moscateles… llamados dulces naturales o generosos de licor, procedentes únicamente de variedades blancas. Pero la tipología del vino del que os voy a hablar, el tinto dulce, es casi inexistente por estas tierras. No recuerdo, ahora mismo, ningún vino tinto dulce elaborado por una bodega de la provincia gaditana, a excepción de uno de la bodega de Arcos de la Frontera, llamada Bodegas Regantío, que con su Tinto Dulce Alberite 2009 añade otra “especie” a los Vinos de la Tierra de Cádiz.





Como recordatorio histórico, el “tinto dulce” surgió en el levante español, más concretamente en Alicante, con el nombre de Fondillón a partir de la tradicional uva local monastrell asoleadas sobre cañizos durante dos o tres días. Como anécdota, se dice que este vino fue el primero que dio la vuelta al mundo en el interior de las naves elegidas para el descubrimiento de América. Actualmente, junto con el maravilloso Fondillón, existen en España tintos dulces en el Priorato, el Ampurdán, Valencia, Requena, Jumilla, Yecla, Almería, Tenerife, Madrid, y otros puntos del mapa español. Internacionalmente son muy famosos los de Oporto, Sur de Francia, Austria, Rumanía, la Isla de Elba y la Toscana italiana, por nombrar algunos.

 Tratando el vino que nos toca, se trata de un vendimia tardía de fermentación natural, y aquí tenemos la explicación de cómo se consigue este dulce. Gracias a que las uvas se vendimian dos o tres meses más tarde, se consigue una sobremaduración de las mismas, aportando un plus de azúcares que, dependiendo de la valoración del enólogo, dejará como azúcar residual (125grs/litro aprox.) en la fase fermentativa, obteniendo así un vino tinto dulce. Este en concreto, está elaborado con las variedades cabernet sauvignon, tempranillo, syrah y merlot, consiguiendo un caldo estructurado y complejo, que puede cerrar muy bien una comida como postre. Su nombre “Alberite”, proviene del nombre de la carretera en dónde se encuentra la Bodega Regantío que une las localidades gaditanas de Arcos y Villamartín, cercana al yacimiento arqueológico dónde se encuentra un dolmen, siendo también el nombre de un pueblo riojano próximo a Logroño con una larga tradición vinícola.

En cuanto a la bodega, os puedo contar que fue la primera que sacó al mercado un vino tinto en Andalucía con su “Regantío Viejo”, dejando constancia de su afán innovador en tierra de generosos. Es una bodega familiar que siempre busca la calidad en todo lo que hace, superándose año tras año, para ofrecernos la diversidad y generosidad de sus terroirs. Están metidos de lleno en un proyecto gastronómico para ofrecernos la posibilidad de celebrar en un salón para más de 400 personas bodas, comuniones, bautizos, comidas de empresas, etc.; o también un restaurante con comida variada de la zona, o cursos de cata de vinos para iniciados.
Cuando probé este vino por primera vez el año pasado en la II Muestra de Vinos Tintos de la Provincia de Cádiz celebrada en El Puerto de Santa María (Cádiz), me trasladó rápidamente al levante español, recordándome a esos concentrados y robustos tintos dulces con aires mediterráneos de esas cálidas tierras, elaborados únicamente con la autóctona monastrell, para mí la variedad idónea para esta tipología de vino. Son vinos intensos en las tres fases del análisis (vista, olfato y gusto), dónde la fruta es la protagonista principal, y los actores secundarios pasan casi desapercibidos, sólo detectados ahondando muy profundamente en la complejidad intrínseca del vino.

Cata personal de este tinto Alberite 2009:
Desde el principio llama la atención su botella, con una capacidad de 50 cl. y un diseño inusual con un cuello muy largo, parecido a algunas de orujo o aguardiente. Su vestido es precioso, serio, de color rojo cardenalicio brillante pero no muy cubierto, aunque algo denso, dejando lágrimas remolonas cayendo por el cristal de la copa.
Nariz de marcado carácter frutal, más concretamente de mermelada de fresones y arándanos, compleja en aromas primarios (los de la uva) de frutos negros del bosque (ciruelas negras) y recuerdos de hollejo post-maceración. Expresa la esencia de la uva, concentrado, meloso.
En boca es sedoso, sabroso, dulce, carnoso, frutoso, untuoso, algo cálido por sus 16 grados de alcohol, concentrado, tánico y persistente, dejándonos un final en boca parecido al sabor de un caramelo de moras y al cacao negro amargo.


Es un vino que puede tener mucho público por su expresión amable y dulzona, pero no es muy conocido. Es como ya lo denominé anteriormente en otra entrada el “vino chuchería de Bodegas Regantío”, y a un precio imbatible, en torno a los 6€.
Tiene la habilidad de poder consumirse a lo largo de todas las estaciones del año. En verano, un poco más fresquito de lo normal (en torno a los 9 grados) como postre después de una comida ligera; en invierno (a unos 13 grados) románticamente con tu pareja junto a una chimenea para entrar en calor. O para los que les gusta arriesgar, en maridajes con platos complejos, como por ejemplo jabalí o ciervo con salsa de arándanos, o con quesos cremosos o azules dónde se podría conseguir la armonía perfecta. Todo es cuestión de gustos y opiniones.

lunes, 23 de enero de 2012

LAGAR AMBROSIO, el primer blanco ecológico de Cádiz

Hace ya tiempo que quería probar este vino blanco, o en realidad, probar el único vino embotellado de la provincia de Cádiz, elaborado con la variedad autóctona perruno, casi en la desaparición. Me refiero al vino blanco joven de cultivo ecológico (el primer blanco ecológico de la provincia) de un precioso pueblo de la sierra gaditana, de Olvera, con el nombre de Lagar Ambrosio (nombre del lugar dónde se elabora), cuyas uvas son recogidas entre la última semana de septiembre y la primera de octubre, es decir, de vendimia tardía o de vendange tardive como dicen los franceses. Procede de una pequeña parcela de apenas tres hectáreas, en dónde empieza el sueño de dos hermanos, Jose Antonio y Ana Bocanegra Párraga, que después de la muerte de su padre Antonio, apodado Ambrosio, decidieron dar el paso de embotellar el vino que
se servía, y se sigue aún sirviendo, en el tabanco de su propiedad llamado Bodega Ambrosio, punto de encuentro de los olvereños, donde pasan un buen rato bebiendo buen vino de la zona. Este bonito sueño comienza en 1982, cuando Antonio Bocanegra decide echar mano a ese pequeño viñedo que le dejó su padre en herencia para hacer mosto, invirtiendo en maquinaria y barricas para su elaboración y empezar a venderlo por copas, o mejor dicho vasos, en su negocio que era el tabanco del pueblo. Con los valores del esfuerzo y del respeto por el medio ambiente y por los productos naturales, logran sacar este vino singular, siendo en el banquete de la boda de su hija Ana, donde se presentó ante el público, en un acto cariñoso como homenaje a su padre y a su trabajo hecho realidad.
Pero la gran protagonista de este post es la variedad perruno, muy presente el pasado siglo en la sierra gaditana, pero que a día de hoy sólo podemos encontrarla en estas tres hectáreas de la familia Bocanegra y poco más. Su nombre tan singular le viene de sus malas condiciones para realizar vino a granel en grandes cantidades, ya que es una variedad de muy bajos rendimientos y de vendimia tardía, siendo poco rentable, a no ser que se empleen las técnicas y maquinarias adecuadas para la elaboración de un vino con unas características específicas. Se la compara o relaciona con otras variedades blancas españolas como la albillo, la pardillo o pardina, o la blanca del país castellana, o con la gual canaria, aunque no está demostrado, y se le considera actualmente como una variedad autóctona de la sierra gaditana.

Su cata:
Este vino blanco de 12,5% de alcohol se nos presenta amarillo pálido y brillante, cristalino, con irisaciones de oro virgen. Al mover la copa se muestra algo denso (no demasiado), dejando algunas lágrimas en copa.
Nariz de mediana intensidad, algo cerrada al principio, pero después se nos abre mostrándonos algo de cítricos como el limón verde o la lima, piña en almíbar, cierto dulzor (lichis), flores marchitas, fondo mineral, elegante. Debido a la mediana intensidad de sus aromas, nos obliga a meter varias veces la nariz en la copa para detectar esos aromas algo escondidos. Con todo ello, es un vino interesante en nariz que tiene su propia personalidad, algo que me gusta mucho.
En boca tiene una entrada no muy seca, con una acidez integrada y un recorrido algo denso pero con ritmo, sin quedarse atrás. Final algo amargoso, dejándonos recuerdos cítricos y minerales persistentes.
Un vino que, aún siendo de vendimia tardía, no desarrolla ese “dulzor adicional” propio de estos vinos que concentran más azúcar para su elaboración. La óptima maduración de esta uva se consigue después de verano a diferencia de otras uvas tempranas como la tradicional tempranillo o la afamada pinot-noir.

Y personalmente, creo que ese es el camino que debe seguir la zona de vinos de la provincia gaditana… recuperar las variedades autóctonas. Junto a la mencionada perruno, podemos nombrar a las variedades beba, temprana, rey, montua o montuo tierno, tintilla de Rota, grazalema, etc. Son uvas de nuestra cultura, de la cultura vinícola de nuestro pueblo, de nuestra tierra, de nuestro terroir como dicen los franceses. Son vinos terroir que nos hablan de la tierra de dónde han salido, vinos con sentimiento y raíces que nos cuentan como es el clima, sus lluvias, sus vientos… aunque cuidado, no significa que siempre salga un buen vino de una uva autóctona; se debe interpretar la variedad para elaborarla de la forma adecuada, con las técnicas adecuadas, con el conocimiento adecuado,… pero este es el camino correcto para la diferenciación en pos de la globalización universal de vinos que nos llevan a la conclusión de que todos se parecen a todos, el aburrimiento de la pluralización.
Saludos gaditanos!!