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martes, 6 de mayo de 2014

AIRE EN EL PATIO 2011, la fuerza de la airén manchega.




Mi inclinación últimamente por probar más vinos blancos que tintos me hace pensar en la posibilidad de que estén cambiando mis gustos personales, bien por la edad o simplemente por la gran cantidad de vinos de los que disfruto año tras año. Sinceramente, encuentro en los vinos blancos más expresión de la tierra y transparencia de lo que el elaborador o creador de ese vino quiere comunicar. Esto no quiere decir que los tintos no me sorprendan o que ya me hayan dejado de gustar, ni mucho menos. Simplemente es eso, creo que hay mucho más “juego organoléptico” a la hora de catarlos y por consiguiente, se disfrutan más. Es una opinión personal, englobando en este grupo de blancos a los generosos y dulces cuya base siempre sea el vino blanco.

Si a esto le sumamos que estos blancos están elaborados con todo el mimo y amor posible y respeto por la tierra de donde proceden, las sensaciones a experimentar se pueden multiplicar. Son esos vinos diferentes, atípicos y con mucha personalidad, que salen de los estándares universales, siguiendo una filosofía natural e inequívocamente respetuosa con su entorno para poder transmitir la verdadera esencia de su ser.
Uno de los productores o “creador de sueños” españoles que saben hacer muy bien esto es Samuel Cano en la extensa La Mancha, más concretamente en Cuenca. Su gama de “Vinos Patio” transmiten al consumidor esa verdad líquida sólo posible trabajando en armonía con la naturaleza, con una agricultura totalmente natural y una elaboración muy personal, antojosa a veces, pero siempre aplicando las prácticas naturales, sin añadidos ni fertilizantes químicos.


Y de sus vinos, me quedo con su blanco 100% airén AIRE EN EL PATIO 2011. Un vino diferente y con mucha personalidad, que en esta añada Samuel decide hacer una larga maceración en contacto con sus hollejos durante 6 días con bâtonnages periódicos según tengo entendido, para extraer aún mas de esas pieles la personalidad de la uva y mineralidad de la tierra, aparte de dotar al vino de un color y cuerpo más intensos. Esta práctica no es usual a la hora de elaborar vinos blancos, pero cada vez se practica más, principalmente en bodegas que buscan diferenciarse un poco. Es como elaborar un vino blanco como si fuera un tinto, es decir, macerando el mosto con sus hollejos. Otra característica de este vino es su crianza durante unos 6 meses en barricas usadas de roble americano y otras para dotarlo de una mejor evolución en botella, aparte de cederle aromas y taninos de la madera. Resultado, un vino natural muy complejo que muchos señalarían como “raro” por su gran personalidad y diferenciación con los blancos comunes. Lo podría catalogar como un vino no apto para todos los públicos, donde el que lo prueba puede o no gustarle, es muy radical.


Después de dejar que descanse durante varios meses en botella como me habían aconsejado, decido abrirlo y por fin disfrutar de él. La botella es de grueso cristal semioscuro, preparada para evitar que una intensa luz intervenga negativamente en la correcta evolución del vino en la misma, dada su naturalidad. A pesar de ello, se puede observar a través de ella como existen posos y restos de lías en suspensión, como se ve en la foto, tan difíciles de encontrar en vinos “comerciales” por considerarse como un defecto o falta de limpieza del mismo cuando no es así. Es otra prueba de la naturalidad y de la mínima intervención de Samuel en sus vinos.



Os cuento qué me encontré cuando lo abrí:


AIRE EN EL PATIO 2011

100% airén de cepas viejas en vaso de más de 65 años de Mota del Cuervo (Cuenca).

Vino de mesa.

Criado en barricas usadas de roble americano y otras durante 6 meses.

13% alcohol.

500 botellas aprox.

8-10€ aprox.



VISTA

En copa es un vino turbio aunque con la brillantez propia de los vinos jóvenes. Su color es un poco dorado (oro nuevo) con reflejos entre ámbar y cobrizo de baja intensidad, parecido al color de los amontillados jerezanos cuando son jóvenes, y movimiento algo denso en copa, dejando gruesas lágrimas que resbalan por el cristal. La turbidez es su aspecto más destacable en esta fase de la cata, donde nos avisa de la naturalidad del vino y ausencia de cualquier filtración. Recordemos que no se debe juzgar a un vino por la primera impresión, la vista, siendo sólo un dato orientativo pero nunca determinante.


OLFATO

A copa parada destaca por sus matices varietales y sensación algo dulce. Recuerda al caldo de la lata de piña en almíbar y a la Flor de Azahar del naranjo. Movemos y aparecen nuevos aromas no muy intensos pero originales: nísperos, carne cocida, arcilla, frutos secos (orejones y almendras), manzana al horno, crema de bollo, vainilla, miel, dulce de membrillo, etc. Da sensación de un vino fresco, silvestre y salvaje.


GUSTO

En boca, de entrada es amable, ligero, graso, cítrico, de acidez equilibrada y final amargoso y persistente. Diferente, rústico y con mucha personalidad. Los aromas cítricos y los mencionados en la fase olfativa vuelven en esta fase por el retrogusto dejando una agradable sensación calurosa. Me gusta su complejidad, madurez y personalidad.


Otro aspecto destacable en este singular vino es su capacidad para evolucionar en copa, volviéndose más redondo en boca y regalándonos nuevos aromas a lo largo de su disfrute como a resina de pino, brea o cedro entre otros.

También es increíble cómo estaba el vino después de una semana desde que lo abrí, cómo había cambiado pero para bien. Es una de las características positivas que tienen estos vinos naturales, que no te mienten y no están engañados con aditivos químicos que, al final pienso, actúan negativamente en este aspecto.



Visto lo visto, es obligatorio seguir a este agricultor, amante de sus vinos, que nacen de la tierra sin disfraces ni tules por medio, capaces de sorprendernos por su excelente naturalidad y elaboración muy personal… Gracias Samuel Cano, seguiremos aprendiendo.



miércoles, 11 de diciembre de 2013

SANTIAGO JORDI, vinos que acarician.



Foto de www.santijordi.com
Hace unos días tuve la suerte de ser invitado a una presentación de 3 vinos tintos en el salón del Sherry Golf Jerez. Son vinos que yo personalmente, estaba deseoso que salieran al mercado, porque sabía que iban a ser especiales por lo que ya había escuchado de amigos que han podido comprobar sus cualidades. Vinos de pequeñas producciones, de viñas escondidas u olvidadas que con buenas manos e intenciones dan lo mejor de sí, lo mejor de su terreno o terroir. Os escribo sobre los vinos de Santiago Jordi Martín, un joven enólogo y viticultor con varios cargos a sus espaldas, entre los que está ser Presidente de la Federación Española de Asociaciones de Enólogos, pero a la vez es una persona que irradia ilusión y seguridad en lo que hace, y principalmente ama al vino, concepto tan importante para elaborar vinos con sentimientos como los que está haciendo.



Viñedo junto al Monasterio
 de la Cartuja
Son vinos de autor, aquellos que reflejan la filosofía que quiere transmitir su elaborador o creador, buscando en todo momento llevar la uva a la copa. La vida de Santi Jordi transcurre como la de muchos enólogos modernos como por ejemplo Telmo Rodríguez o Raúl Pérez, buscando pequeñas viñas o pagos únicos por toda España y también fuera, para estudiarlos y sacar todo lo bueno y exclusivo de la planta y transmitirlo a la copa. La intervención de Santi Jordi en la bodega sólo va encaminada a potenciar esa personalidad de la uva y su terroir de manera racional, incluso apartándose de directrices y reglas implantadas por las diferentes organizaciones de las zonas, siempre con la finalidad de emocionar al consumidor. Tal es así, que cada año, cada cosecha, determinará el producto final en cada botella, es decir, un mismo vino será diferente cada añada, pudiendo cambiar las variedades, porcentajes, técnicas en la elaboración, etc. con el fin de que su autor, Santi Jordi, consiga el resultado óptimo, su vino de autor.

Os paso a hablar sobre sus vinos presentados, aunque tiene muchos otros que pronto también saldrán al mercado. De momento estos, son personales y emocionantes:


MARGARITO Y AMAPOLO 2012


80% petit verdot y 20% graciano (¿tintilla de Rota?) de viñedos de entre 9 y 13 años de 
Jerez de la Frontera.
Vino de la Tierra de Cádiz.
Criado en barricas de roble francés (75%) y americano (25%) durante 6 meses.
Botella número 0525 de 1155 botellas.
14% alcohol.
19,50€ aprox.


Vino procedente de una parcela de la finca familiar de Santi Jordi, pegada al Monasterio de la Cartuja de Jerez y rodeada de muchas flores como las margaritas y amapolas, de ahí el nombre del vino. El autor apuesta por un coupage de dos de las variedades tintas con más auge en la provincia de Cádiz como son la petit verdot, uva francesa que da excelentes resultados en esta zona del sur, y la graciano riojana, que tiene muchas posibilidades de ser en realidad la autóctona tintilla de Rota, la cual está resurgiendo para convertirse en una variedad referente en tintos secos.
Tras la cata os puedo decir que es un vino que transmite la territorialidad de la zona, la mineralidad del suelo, y eso es una de las cualidades que más me gustan en un vino.
En copa nos lo encontramos un poco cerrado al principio (baja intensidad de aromas), incluso con algunos olores reductivos de su elaboración y estancia en botella, por lo que aconsejo una buena oxigenación, principalmente en una decantadora para disipar esos olores y despertar los matices y potencia que guarda el vino. Tengo que destacar que en este vino, Santi Jordi sólo aprovecha los rigores del invierno para estabilizarlo de forma natural, es decir, sin estabilización física ni química, sólo estacionaria. Debido a esto y a su naturalidad, pueden aparecer en la vida en botella precipitados dada su elaboración.
Un vino impresionante y de una calidad exquisita pero que pienso aún está muy joven y que con toda seguridad ofrecerá más matices en un par de años si se conserva adecuadamente en botella.

(Este vino pertenece a mi selección personal y lo podéis conseguir en www.defiguereovinos.com)


VISTA
De color rojo cereza intenso que irradia juventud, capa alta y ribete amoratado. Al mover la copa se muestra algo denso, tiñendo la copa y dejando gruesas lágrimas que bajan lentamente por el cristal.

OLFATO
Cerrado al inicio con tímidos olores reductivos que van desapareciendo con una buena aireación. Despierta y se muestra joven y potente con concentrados aromas de fruta negra (moras), cacao, tímidos tostados, hojas secas, mineralidad. Con el tiempo, esta nariz va progresando y desarrollando nuevos aromas, apareciendo recuerdos a regaliz negro y tartaletas de grosellas. Una nariz fresca, compleja y con pureza de matices.

GUSTO
Entra suave y fresco; prosigue ligero, ágil y sabroso; con unos taninos sedosos y una acidez de libro. Una boca con un extraordinario equilibrio y complejidad que perdura en el tiempo con mucha fruta negra y recuerdos minerales.


SER O NO SER 2011


100% Tinta de Toro de cuatro parcelas de un viñedo de entre 40 y 55 años en la provincia de Zamora.
D.O. Toro.
Criado en barricas de roble francés (75%) y americano (25%) durante 12 meses.
Botella número 0579 de 9146 botellas.
14,5% alcohol.
14,50€ aprox.


Éste puede ser el vino más comercial de Santi, pero no por ello, menos interesante. Pertenece a la D.O. Toro, pero se desmarca de los tradicionales vinos de esa zona, potentes y estructurados, procedente de varias parcelas seleccionadas por su interesante terroir y altitud (entre 690 y 750 metros). Es un “toro” de autor sedoso y fresco.
Un vino para tomar ya o para dejar un par de años, donde responderá con otros aromas sutiles de su estancia reductiva. Un “toro” diferente.

VISTA
Brillante color rojo cereza de media capa con ribetes morados y total limpidez. Buena lágrima.

OLFATO
Aromas medio intensos a fruta roja madura, lácticos (mantequilla), elegantes tostados, flores secas, balsámicos y fondo mineral (caliza). Femenino y seductor en nariz.

GUSTO
Boca suave y ligera, con acidez bien integrada y finos taninos marcados. Final persistente con recuerdos a fruta pasada y leves tostados. Equilibrio y frescura.


FLOR DE UN DIA 2009


100% Tempranillo de una parcela en ladera (870metros) con suelo muy poco fértil de un viñedo de entre 85 y 90 años en la provincia de Valladolid.
Vino de Mesa (Castilla y León).
Criado en barricas de roble francés de primer y segundo año durante 14 meses y afinamiento final en botas de palo cortado durante 8 semanas.
Botella número 0195 de 2286 botellas.
14,5% alcohol.
23,50€ aprox.


Este vino es una de las apuestas personales más fuertes de nuestro autor, que vuelve a sus orígenes, Jerez, para hacer realidad una idea que siempre ha estado rondando su cabeza… pasar un vino tinto por botas de vino de Jerez, esta concretamente de palo cortado. Tras varios intentos años atrás experimentando esta peculiar crianza en vinos tintos, es en esta añada donde ha conseguido lo que quería, transmitir en un vino tinto algunas de las peculiaridades que otorga una crianza oxidativa con tanta personalidad y autenticidad como es la del palo cortado en un equilibrio perfecto. Exactamente, la utilización de esta bota la realiza en el momento de la fermentación durante unos 9 días en botas abiertas y también al final, en el “afinamiento” de la crianza, justamente después de su crianza en barricas de roble francés y antes de su estabilización y filtrado ligero por placas antes de su embotellado. Su larga crianza en botella es la que le otorga definitivamente esos sutiles matices del bouquet terciario de los vinos de Jerez, integrándolos y consiguiendo una óptima conjunción organoléptica. Por esta causa, aconsejo una buena oxigenación para que este vino muestre sus “escondidas” bondades de vino generoso. Un verdadero Vino de Autor.

VISTA
Bonito y brillante color rojo cereza de media intensidad con ribetes morados y lágrima presente.

OLFATO
Nariz fragante, perfumada, femenina, intensa, con recuerdos de fruta roja pasada algo licorosa, balsámicos (romero), vainillas, pipas tostadas. Complejo.

GUSTO
Boca amable al entrar, fresca, ligera, fina, amplia, con acidez integrada y taninos presentes pero sedosos, y final muy suave, placentero. Un excelente vino fácil de beber que evoluciona en copa y en botella muy positivamente.





Tres vinos diferentes entre sí, con semblantes puros y auténticos. No soy brujo ni predigo el futuro pero estoy muy convencido de que este joven enólogo y apasionado de los buenos vinos está en el buen camino de todo lo que tienen que demostrar nuestros vinos, y mas concretamente de los vinos de la Tierra de Cádiz.


Desde aquí, quiero dar mi enhorabuena a Santi Jordi por darnos la oportunidad de poder probar sus vinos de autor, vinos con sentimiento, vinos que acarician.




martes, 15 de enero de 2013

VINOS DIFERENTES, la naturaleza de la esencia.




Hoy en día podemos encontrar cientos y cientos de botellas de vinos en grandes superficies, vinotecas y páginas web. Marcas conocidas, con prestigio y años a sus espaldas, seguidos por un público fiel a su línea de sensaciones; o marcas nuevas que buscan producir una atracción bien a través de su vestido (visual) o de su esencia (vino en sí). Personas como la que escribe, que prueba más de 100 vinos al año, llega a la conclusión de que lo que busca es la diferenciación en cada botella que abre, es decir, una distinción sensorial que nos haga fruncir el ceño o despertar una sonrisa de satisfacción por algo nuevo que hayamos encontrado. Y sinceramente, no creo que en los lugares anteriormente mencionados encuentre esa diferenciación de lo global.



No es que esté aburrido o agotado mentalmente para seguir probando estos estupendos vinos, ni mucho menos, pero personalmente lo que busco es eso, las diferencias. Que la chardonnay me sorprenda con un cuerpo menos untuoso, que la tinta de Toro desprenda frescura por los cuatro costados, que una Manzanilla no sea blanca sino amarilla… Y esto creo que se puede encontrar más cerca de lo que creemos, en los vinos “naturales” de los pueblos que nos rodean.


Lías en suspensión

Son aquellos vinos que se hacen en las casas rurales para el consumo familiar diario, sin ataduras de legislaciones ni inspecciones encaminadas verdaderamente por otros a la elevar sus economías. Son vinos que nos transmiten su íntima relación con la tierra de donde proceden, regalándonos su autenticidad y una tradición arraigada a la zona. Los elaboran de forma natural, sin aditivos químicos para su longevidad o antioxidantes, sólo los que trae consigo las uvas, que ya es mucho. Por eso, pueden aparecer sedimentos propios de este tipo de elaboración como son los posos, lías o olores de fermentación más acusados que irán desapareciendo con una buena oxigenación o jarreo. Normalmente se los considera como vinos “a granel” y los podemos encontrar en garrafas de cristal o plástico o en botellas de cristal transparentes sin etiquetas identificativas, ya que nos basta con conocer al elaborador. Utilizan métodos tradicionales como envases de barro, tinajas, pitarras, barricas viejas muy usadas, depósitos de cemento, cuevas subterráneas, etc. Hay algunos que intentan dar el salto y empiezan acogiendo sus vinos a la categoría de Vino de Mesa donde las exigencias son menos duras. En esta categoría también podemos encontrar buenos vinos complejos sensorialmente hablando, fáciles de beber y encaminados al consumo diario para acompañar los platos, pero que además nos regalan ese plus que antes mencioné… algo diferente.

Muestra de varios vinos naturales

A veces pienso que los carísimos “vinos de garaje” (vinos de autor de bodegueros de escasísima producción) que hoy en día se comercializan, intentan imitar y transmitir esa diferenciación al consumidor. Tener esa personalidad propia y despegarse de los vinos comerciales, pero erróneamente con precios desorbitados, que quieran o no influyen irremediablemente en la valoración personal del consumidor.


Toda esta reflexión que os cuento surge a consecuencia de una garrafa de vino que hace poco me regalaron unos buenos vecinos de su pueblo natal. Es un vino de la zona suroeste de la provincia de Málaga, de Manilva, una región con una dilatada tradición vinícola donde muchas de sus bodegas están acogidas a la D.O. Vinos de Málaga, pero donde también hay muchas que van por libre y venden su producto desde la misma bodega o a pequeñas tiendas de comestibles que hay repartidas por todo el pueblo en garrafas de plástico o botellas de cristal sin etiquetar. Manilva es una de las cinco regiones vitícolas en las que se divide la provincia malagueña que colinda con la provincia de Cádiz y formada por suelos albarizos situados en colinas suaves próximas al mar mediterráneo. Su clima tiene influencias atlánticas y mediterráneas y con escasas lluvias.

El vino en cuestión, si nos adentramos en su análisis sensorial, de momento tiene un color atípico, diferente. Es el primer contacto con el vino, el visual, y ya crea curiosidad y ganas de abrirlo. Es de un color no muy brillante, algo turbio incluso, entre rosa y ámbar pálido con matices rojizos, natural por su ausencia de filtrado tal y como lo demuestran sus posos en el fondo de la botella, y con lágrimas medio lentas. En copa nos regala una nariz muy frutal, pronto se adivina la variedad, la moscatel de Alejandría, uva blanca reina en la costa malagueña junto con la Pedro Ximénez. Aromas auvados muy maduros o sobremadurados, pera confitada, florales sobre un original fondo húmedo a barro o arcilla, matices terrosos, brea y fruta cocida. En boca es semidulce, no muy potente, suave, expresivo, de cuerpo ligero y baja acidez y con final intenso y espiritoso, con sabores arcillosos y a fruta blanca muy dulce sobremadurada. Es un vino diferente a lo habitual, y eso como antes os he dicho, me agrada, con sus virtudes y sus defectos, pero me cuenta cosas distintas a la mayoría de vinos que nos podemos encontrar en la mayoría de bares y restaurantes.
Seguiremos buscando, porque seguro que esta búsqueda es eterna, gracias a Dios.

viernes, 16 de marzo de 2012

El "Príncipe" de los tintos de Ronda

De la relevancia que están teniendo los tintos andaluces en la última década en el mercado del vino español tienen gran culpa, si así se puede decir, los tintos de la Serranía de Ronda (D.O. Vinos de Málaga), que de alguna forma, gracias a la altitud y al clima de la zona tan beneficios para la vid, están revolucionando la visión de los nuevos y modernos vinos que están conquistando cada vez a más paladares. Son ya unas cuantas bodegas, que con la ilusión y el esfuerzo de nuevos viticultores locales y foráneos, ofrecen calidad en estas tierras malagueñas, como Bodegas Doña Felisa, Bodegas La Sangre de Ronda, Bodegas Joaquín Fernández, Bodegas Descalzos Viejos, Bodega F.Schatz, Bodegas Cuesta la Viña, Bodegas Kieninger, Bodegas Conrad, Bodegas Cortijo los Aguilares, Bodegas Pasos Largos, Bodegas Vetas… y algunas más que seguro se me escapan. Pero la pionera que introdujo la viticultura y enología modernas en estas hermosas tierras fue Bodegas Cortijo Las Monjas (al igual que el viticultor alemán Federico Schatz, de Bodega F. Schatz), a través del Príncipe Alfonso de Hohenlohe (Viñedos y Bodega Príncipe Alfonso de Hohenlohe).


Príncipe Alfonso de Hohenlohe
 Este personaje mediático (1924-2003), creador del Marbella Club y del Sanlúcar Club de Campo, traslada su residencia a esta finca de la Serranía de Ronda, asentándose definitivamente en la provincia malagueña, en la que hizo fuertes inversiones inmobiliarias y de la que estuvo siempre enamorado. Planta 15 hectáreas de las variedades foráneas cabernet sauvignon, syrah, merlot y petit verdot, y de la española tempranillo, comenzando así su andadura vinícola en tierras andaluzas asesorado por Carlos Falcó, gran amigo suyo, y recordándonos con su buen hacer, que Ronda es tierra de vinos, ya que así lo demuestra su historia.
Con el indicativo de “Vino de Mesa de Andalucía” este tinto, Príncipe Alfonso de Hohenlohe Reserva Privada 2007, pertenece a una serie numerada de 51000 botellas de las que esta, de la que yo hago el análisis, es la número 001666. Ha sido elaborado en el Cortijo Las Monjas de Ronda a unos 700 metros de altitud, ideal para la maduración y sanidad de las uvas, en suelos arcilloso-arenosos a partir de las variedades cabernet sauvignon, syrah, merlot y tempranillo, y madurado durante 12 meses en barricas de roble francés y americano.

En copa nos muestra un coqueto color rojo rubí, brillante, cristalino, algo abierto con ribetes rosados, fluido. Nariz medio intensa, expresiva y sutil, con evocaciones de fruta roja licorosa, balsámicos, florales, y madera presente con recuerdos de especias dulces (canelas) sobre un fondo mineral. En boca se nos expone con frescura, algo blanda y plana en aromas con unos taninos casi imperceptibles (fácil de beber), cediéndonos un post-gusto pétreo y una sensación parecida al sabor de un chicle de fresa mascado durante mucho tiempo. En resumen, es un vino que nos dice mucho más en nariz que en boca, pero debemos recordar que el vino está hecho para ser bebido, pues es una bebida. Espero que el otro vino de esta bodega, Andalus Principe Alfonso de Hohenlohe Petit Verdot, demuestre algo más que este tradicional vino. En cuanto a su compañía en la mesa, se asociaría bien con platos algo complejos pero no muy contundentes, sin salsas fuertes, ya que es un vino de poca estructura y taninos sedosos.  
La contra-etiqueta de esta botella refleja que este vino pertenece a la indicación de “Vino de Mesa de Andalucía”, pero tengo que recordar que esta indicación es muy joven. Legalmente, entró en vigor con el nuevo Reglamento del 2008. Antes se indicaba como “Vino de Mesa”, el escalón más bajo de todas las categorías, y era la indicación obligatoria para el vino que no estaba acogido a ninguna denominación de origen ni indicación geográfica. Además, no podía indicar su región de producción, el año de la cosecha ni la variedad de uva. Pero la cosa ha cambiado un poco, vamos mejorando. A partir del 2008, es obligatorio mostrar la indicación geográfica, el área geográfica, las variedades de uvas empleadas y el tipo de vino. Pero esta indicación no es necesariamente un signo de baja calidad, todo lo contrario. Es la única forma que tienen algunos viticultores artesanos o creativos para poder sacar al mercado a sus vinos que se salen del redil, por el simple hecho de no seguir las numerosas y “caras” reglas de las distintas Denominaciones de Origen. Es como poner fronteras a las iniciativas y la creatividad.
Desde el año 2000, la bodega pertenece al Grupo Arco, llamado actualmente “Arco Wine Investment Group”, de donde son también bodegas como Berberana o Marqués de Griñón, por nombrar algunas. La finca posee una casa-cortijo típicamente andaluza, y una extensión de más de 15 hectáreas de viñedo encaminadas a las tan de moda rutas enoturísticas (Ruta de los Vinos y Bodegas de Ronda) tan preciosas.

Actualmente, la viticultura en la Serranía de Ronda es uno de los sectores con más futuro en la economía rondeña, gracias a la gran demanda de sus tintos, considerados por muchos como los mejores de Andalucía por su altísima calidad. Son bodegas y viñedos preciosos, como lo es su hermosa ciudad, liderados por familias que te ofrecen que pases a su casa y puedas comprobar en persona cómo trabajan, cómo hacen el vino y lo cuidan, para que llegue a nosotros y podamos disfrutarlo. Una de las mejores y más preciosas regiones vinícolas que puedo aconsejar. ¡Animaos a visitarla y seguro que os dejará embelesados!
Hasta pronto!!