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domingo, 16 de febrero de 2014

ALANDA QUINTA DA MURADELLA 2007, expresión de la tierra.




Una de las cosas buenas que tiene escribir sobre vinos en un blog es que investigas y buscas información acerca de todo lo que lo rodea, elaboración, añada, zona, clima, cultura, gente, etc. Sin embargo, en el caso del vino sobre el que os escribo, es totalmente al contrario. Muchos artículos y opiniones sobre el creador de este ALANDA QUINTA DA MURADELLA 2007 llegaban a mi sentido a través de muchos medios como si se me estuviera mandando un mensaje. Todos tenían opiniones positivas sobre sus vinos, pero en lo que todos coincidían es en la manera de ser o de entender la vida y la vid de su creador, Jose Luís Mateos, un verdadero viticultor o “vigneron” como dicen nuestros vecinos franceses. Ama la tierra, y eso seguro que lo transmite a sus vinos porque recordemos que el verdadero fin de un vino es reflejar principalmente la zona y tierra de donde chupa la vid. Respeta al máximo la naturaleza de la zona, para bien o para mal, intentando no cambiar nada del entorno para transmitir la verdadera esencia de la zona, terroir, vegetación, olores, etc. Y eso tiene su riesgo, porque un año malo climatológicamente hablando, trae sus quebraderos de cabeza, pero siempre es fiel a la bondad de la añada, respetuoso con ella, sea cual sea su calidad, aplicando los principios de la agricultura ecológica.



La bodega toma nombre de una de sus fincas, Muradella, siendo una de las principales bodegas de calidad de la D.O. Monterrei en el municipio de Verín (Orense-Galicia). Apuesta por las variedades autóctonas como la bastardo (merenzao) y la dona blanca, apoyadas en las más conocidas mencía y godello. La expresión de la uva y la tierra marcan el estilo de sus vinos, beneficiándose de limitadas lluvias y suaves inviernos con veranos con grandes oscilaciones de temperatura entre día y noche, para regalarnos vinos con carácter, frescos y frutales. Os pongo un enlace a la página de la bodega en la web de la D.O. por si queréis saber más: http://www.domonterrei.com/bodega.php?id=18

El futuro o el azar, puso en mis manos, sin buscarlo, uno de sus vinos más básicos, pero qué básico!! Uno de esos vinos de escasa producción (dos mil y pico de botellas) que en esta añada del 2007 se expresa impecable, con sabiduría, conjugando juventud y madurez.


ALANDA QUINTA DA MURADELLA 2007


65% mencía, 30% bastardo (merenzao) y 5% tempranillo.
D.O. Monterrei.
Criado en barricas nuevas de roble francés durante 13 meses.
13% alcohol.
16€ aprox.


VISTA
De color rojo cereza de capa baja se nos presenta este vino con ribetes de claros indicios de evolución con tonos ladrillo. Movimiento ligero en copa y lágrima presente.


OLFATO
A copa parada se nos muestra con buena intensidad, ofreciéndonos gratos recuerdos a fruta roja madura y hierbas balsámicas de monte (romero). Agitamos la copa y sube la intensidad, la cosa se pone interesante. Un abanico de perfumes se apodera de mi nariz, fusión de fruta, especies y tímidas aportaciones de mineralidad que me invitan a la presura del deleite gustativo. Cerezas, romero, pimienta rosa, violetas, cáscara de naranja y piedra húmeda forman el esqueleto aromático de este vino siempre conducido por una frescura propia en estos vinos del sur de Galicia. Una nariz elegante y algo compleja.






GUSTO
En boca es de esos vinos frescos y ligeros, de trago fácil, pero que te regalan un “final feliz”. Entra muy correcto, vertical, ligero, fresco, de acidez impecable y taninos finos muy integrados. Parece que estos dos años en botellero le ha venido de perlas. Para nada se aprecia ese final amargo y verde que se le achacan a muchos vinos tintos gallegos. Eso ha quedado atrás en pos de esos toques balsámicos que aúnan su frescura. Su postgusto no es muy duradero pero sí que franco. Frutosidad y carácter mineral se pegan a la boca e invitan a seguir bebiendo.


Deciros para concluir, que cada vez que tomo un vino tinto gallego con esa frescura atlántica propia, me sigue sorprendiendo satisfactoriamente. No sé si estos vinos están de moda, siendo muy bien puntuados y premiados en revistas y concursos internacionales, o simplemente les estamos dando su lugar entre los más importantes del país, como muchos se merecen. La verdad es que este es el camino que deben seguir, apostando por el trabajo en el campo, respetándolo, y con vinificaciones de calidad para que expresen todo su potencial. Si señores, podemos estar en el camino de la versión española de la Borgoña, con vinos delicados, elegantes, perfumados… sensuales.





Ahora sí lo tengo claro, queda pendiente una visita a tierras gallegas, tierra de buenos vinos.


jueves, 21 de febrero de 2013

PETIT VERDOT SANCHA PÉREZ 2011, frescura atlántica.



Visitando una bodega conoceremos sus viñas, su sala de elaboración y crianza, sus vinos, su climatología, su historia… pero lo más placentero, y esa es mi opinión personal, es conocer a su gente y sus proyectos. Un gran proyecto, ilusionante y prometedor, es el llevado a cabo por un empresario sevillano con mucho de gaditano en la comarca de la Janda, entre Conil y Vejer. Ramón Iglesias Pérez hace realidad una ilusión que anda de la mano con la naturaleza, respetándola en todos los sentidos y participando en el ciclo natural de la vida. Bodega Sancha Pérez es el nombre de la misma, en honor al antiguo dueño de esas tierras (Sánchez Pérez), y retoma el cultivo tanto de la vid como del olivo en un término que, antiguamente en los siglos XVII y XVIII, estaba muy ligado a nuestra cultura vinícola y oleica. Su agricultura es totalmente ecológica, teniendo cultivados árboles frutales (ciruelos) y variedades de plantas aromáticas (lavanda, romero, laurel, tomillo,…) muy beneficiosas para la zona por su acción polinizadora e inmensamente positivas para la vid, ya que estos insectos (ej.: la mariquita) atraídos por estas plantas combaten las posibles enfermedades sin necesidad de añadir insecticidas ni fungicidas químicos. Es decir, hacen un favor a la naturaleza de la zona reforzando su biodiversidad, a la vez que respetan la esencia del vino, su naturalidad.


Ramón Iglesias en la sala de crianza

La razón o excusa de la visita a esta bodega fue la asistencia a la poda invernal de la vid que en esta zona siempre se realiza por estas fechas y de la cual os contaré más adelante y por encima de qué va. Cargado con mis dos niños y acompañado por mi buen amigo Benjamín Colsa, ponemos rumbo, como si de una aventura se tratara, a esta curiosa bodega. El acceso del camino que lleva a la bodega está un poco escondido, si no estás muy atento te lo pasas, pero el caminito es para llevar un 4x4 o similar, ya que en época de lluvias se vuelve casi intransitable por la gran cantidad de fango y enormes charcos que nos encontramos. Después de unos 2km de “caminito”, por fin llegamos a la finca. Desde el primer momento ya te avisan de cuál es su filosofía… ECOLOGIA, plasmada con grandes letras pintadas sobre la fachada de entrada en 4 idiomas junto al nombre de la bodega. Ramón nos recibe con los brazos abiertos y nos enseña toda su finca, desde las viñas sin labrar hasta la pequeña bodega. Nos explica cuál es su forma de entender el trabajo en el campo, respetando siempre el hábitat de la zona y participando en la riqueza de su naturaleza, siempre con cultivos ecológicos. De la elaboración de sus dos vinos lo más significativo es que, después de una cuidadosa selección manual en bodega, el mosto fermenta en tanques de acero con remontados diarios (bazuqueos) y después es trasegado a otro tanque para la fermentación maloláctica donde el ácido málico se transforma en láctico y pierde gran parte de esa aspereza que podríamos encontrarnos del vino en boca. Sus vinos son madurados durante varios meses en barricas de roble francés para que ganen en estructura y aromas terciarios, y finalmente se afinan en botella durante otros meses redondeándose.


Volviendo al tema de la poda invernal, puedo deciros resumidamente que esta es la poda por excelencia y la más importante en el ciclo de la vid, ya que de ella depende en gran medida la cantidad y calidad del fruto del año que se avecina, y por consecuencia del vino. Se debe realizar durante el invierno cuando son constantes las bajas temperaturas, en el período de reposo vegetativo o como se dice también “cuando la vid duerme”, ya que prácticamente no corre savia por los sarmientos, la cual está acumulada en tronco y raíces, evitando el debilitamiento de la planta y de su salud. El fin de este ejercicio es mantener la forma de la cepa según el sistema de conducción elegido y de camino ralentizar el envejecimiento de la misma cortando su alargamiento excesivo. Existen diferentes tipos de poda según el sistema de conducción, pero en la zona del Marco de Jerez la más utilizada es la clásica de “vara y pulgar” o “jerezana” en la que se alternan cada año la vara con 8 yemas (de aquí nacerán los racimos de uva) y un pulgar con una yema, que será la vara del año siguiente. La vara se podará en corto, convirtiéndose en el pulgar del año siguiente, y así año tras año.


Unas 10.000 cepas de cuatro variedades de uva son las que están cultivadas en esta finca desde el año 2009: tempranillo, cabernet sauvignon, tintilla de Rota y petit-verdot. Pero Ramón tiene como preferidas la autóctona tintilla de Rota y la casi autóctona petit verdot. Y digo casi autóctona porque esta noble variedad de origen francés, más concretamente de la afamada zona de Burdeos, se ha adaptado a la zona sur de Andalucía como ninguna otra. Se nota que a esta variedad le viene estupendamente bien el clima de esta zona, muy caluroso y con gran insolación en la época de verano, ya que tiene fama de ser un poco rebelde a la hora de madurar en climas menos calurosos, de ahí su nombre “pequeña verde”, por la cantidad de uva verde (no madura) que seguía en el racimo cuando ya era la época de vendimia para muchas otras variedades, es decir, es de maduración tardía. Sólo tenemos que rebuscar un poco en los tintos que se están haciendo en la provincia de Cádiz para darnos cuenta de que cada vez son más las bodegas que se dan cuenta de su enorme potencial y la vinifican de forma independiente para sacar un buen vino monovarietal. Ejemplos de estas bodegas son Luís Pérez o Hermanos Holgado, dos bodegas también con gran proyección junto a la protagonista de hoy, Sancha Pérez.
Esta es la primera añada en la que el enólogo de esta bodega, Miguel Gómez Lucas, que por cierto es gaditano y enólogo también de Compañía General de Vinos de Cádiz (Bod. Regantío), saca unas 400 botellas de este 100% petit verdot ecológico, ya que el otro vino con el que la bodega lleva un par de años contiene un pequeño porcentaje de esta variedad acompañando a otras dos variedades, tempranillo y cabernet sauvignon. Pero es sobre este monovarietal ecológico sobre el que os quiero hablar ya que fue la botella elegida para llevarme de esta bodega. Tenía curiosidad sobre qué cualidades tendría este vino teniendo en cuenta las particularidades de la variedad respecto a la composición del terreno y la escasa proximidad al mar. Y aunque me hayan advertido de que, debido a su juventud y a la potencia y estructura tánica en boca de esta variedad, lo dejara reposar durante algo más de tiempo en botella, no me he podido resistir y he tenido que abrirla arriesgándome a cometer un infanticidio vínico. Vamos a ver que nos cuenta:
SANCHA PÉREZ PETIT VERDOT 2011

100% petit verdot de cultivo ecológico.
Conil de la Frontera (Cádiz).
8-10 meses en barricas de roble francés.
14,5% alcohol.       
Producción de 400 botellas.
20€ aprox.




MIRADA
Su color es muy cubierto e intenso, opaco, recordándonos a la picota muy madura con un ribete morado casi inexistente. Esta característica está directamente relacionada no sólo con la naturaleza de la variedad sino con su elaboración, encaminada a la máxima extracción de sus componentes tanto aromáticos como cromáticos. En este caso, gran culpa de esto lo tienen sus remontados con bazuqueos, como ya antes mencioné, que consiste en romper la masa sólida de uvas o “sombrero” con remontados del vino para que este extraiga la mayor cantidad de colorantes, aromas y demás componentes polifenólicos, es decir, su fin es que el vino final sea lo más personal posible.
Su movimiento en copa es medianamente denso, dejando una lágrima coloreada que baja por el cristal lentamente.

FRAGANCIAS
A copa parada ya sobresalen intensos aromas muy varietales y con raza pero muy aglutinados, así que después de rotar varias veces la copa y seguir mostrándome esa “timidez”, decido realizar un jarreado enérgico en una jarra decantadora para que se expresen abiertamente y de camino suavice esa supuesta astringencia que supongo me encontraré con seguridad en la fase gustativa. Y así es. Aparecen aromas potentes que nos avisan de la estructura que puede tener el vino en boca. Muchísima frescura y fruta madura que se conjugan con la madera para regalarnos un deleite de sensaciones. Complejidad, frutosidad, carácter, concentración y profundidad. Fruta negra como las moras y las ciruelas maduras, melocotones rojos, algún tostado sutil y virutas de lápiz que nos ceden la barrica, pimienta negra, hoja de tabaco, fondo a tinta china y grafito…

SORBO
En boca es una gozada… frescura y concentración, algo difícil de conseguir en un vino tinto. Ah!, y acierto de pleno con el jarreo del vino. Estructurado, envolvente, tánico, varietal, intenso, sabroso, carnoso y equilibrado donde acidez, dulzura, alcohol y tanicidad se funden en uno solo para deleitarnos. En el final de boca vuelven la fruta negra, los tostados, las especies, el final seco y terroso… una persistencia de libro que nos acompaña durante mucho tiempo.

Lo que más me ha gustado de este vino es su frescura, una frescura atlántica que nos demuestra cómo una variedad de uva que necesita mucho sol para madurar correctamente y expresar lo mejor de sí, puede regalarnos un vino que aunque tenga 14,5 grados de alcohol no es para nada demasiado cálido.

Gracias Ramón por compartir con nosotros parte de la costa atlántica en forma de vino.




viernes, 22 de julio de 2011

ZIRIES 2008, un proyecto hecho realidad.



La paciencia y el duro trabajo siempre tienen su recompensa. Este vino es el resultado de un ilusionante proyecto de varios amigos viticultores, que junto con su pasión por el vino han visto realizado su sueño. Empezaron en el año 2002 con una pequeña bodega en San Pablo de los Montes (Toledo), pero pronto se les quedó pequeña y se trasladaron en 2005 a la actual, en Cuerva. Se trata de Bodegas Lobecasope de los Montes de Toledo, con una filosofía de viticultura biodinámica y una recuperación de viñedos abandonados de garnacha tinta que rondan los 48 años. Más concretamente, la parcela de donde procede este vino, Ziries 2008, tiene 53 años, de suelos profundos y composiciones arenosas, calcáreas y arcillosas. Son cepas sobre pie franco, sobre las que se le aplican una agricultura ecológica, aunque sin certificación para no aumentar los gastos.



Y es que la garnacha está de moda, y no sólo en España. Poco a poco y con el esfuerzo de las bodegas que la emplean en sus vinos, principalmente en pequeños proyectos artesanales y de producciones pequeñas, sacan la máxima expresión de esta variedad, que fue no hace mucho la más plantada del país, para mostrarla en el extranjero y darle un impulso como a ninguna otra uva tinta española, a excepción de la poderosa tempranillo. El éxito de esta variedad se basa principalmente en el trabajo en el viñedo. Son las viñas viejas de garnacha las que están teniendo verdadero éxito, como son las de este vino, de 53 años de edad. Esto es debido a que estas cepas acumulan sustancias de reserva, cada año, ofreciendo producciones más bajas, aunque la calidad de la uva es mucho más estable, consistente y con una mayor concentración. Esto también implica que las añadas sean más regulares, siendo estas viñas viejas muy valoradas por los viticultores y enólogos. Hay que recordar que esta variedad de uva tiene tendencia oxidativa, y no es una uva con mucho color ni con una gran estructura tánica para permitir al vino envejecer durante largos años. Sin embargo, bien tratada, nos regala vinos muy perfumados, elegantes, minerales y equilibrados.

Flequi Berruti, César Ruiz y Nacho Jiménez, amigos y socios de La Tintorería.
 Flequi Berruti es uno de los máximos responsables del éxito que está teniendo este vino. Actualmente es socio-propietario de la ingeniosa y dinámica tienda de vinos “La Tintorería” de Madrid. Anteriormente, estuvo trabajando en la vinoteca “Lavinia” durante 7 años, dónde conoció a los sumilleres y enólogos Nacho Jiménez y César Ruiz, sus futuros socios en La Tintorería. Esta tienda tiene alrededor de 1.500 referencias, repartidas entre vinos nacionales e internacionales, con especial atención a vinos de bodegas artesanales de pequeñas producciones numeradas, vinos biodinámicos y vinos de variedades autóctonas muy difíciles de encontrar. Ah sí, se me olvidaba, los vinos de la Borgoña son su delirio, y eso se trasmite y se siente en la tienda.
Volviendo al vino en cuestión, quieren llevar a cabo un gran reto, contradictorio a lo habitual en esta zona: reducir el peso alcohólico y la golosidad típicas del centro de la península. Así, al mando de la enóloga de la bodega, Sonia López, buscan el equilibrio, la elegancia y la sencillez, junto con la expresividad de la uva y el terroir. Esta añada del 2008 es la primera en comercializarse, aunque existe desde el 2004 con producciones mínimas para los amigos.
El otro vino de esta bodega es Navalegua, nombre elegido por la enóloga Sonia López. Es un vino con aromas más finos, florales y delicados, con un pequeño aporte de madera que da consistencia al vino.
Como última noticia sobre este vino, hay que señalar que en su añada del 2008, ha sido valorado recientemente por el afamado crítico norteamericano Robert M. Parker con 91 puntos, aunque en realidad ha sido su colaborador Jay Miller, responsable en la revista “The Wine Advocate” de la cata de los vinos españoles, entre otros. Un gran éxito para esta bodega y todo su equipo, que esperaban expectantes la calificación de tan prestigioso crítico vinícola, y el reconocimiento a la valentía de haber recuperado viñas viejas y abandonadas en Cuerva y San Pablo de los Montes de Toledo.

ZIRIES 2008
·        Bodega: Bodegas Lobecasope.
·        Zona: Vinos de la Tierra de Castilla (Montes de Toledo).
·        Tipo de vino: Tinto con madera.
·        Meses en barrica: 14 meses en barricas de roble francés de 500 l.
·        Variedades: Garnacha.
·        % alcohol: 14,5%.
·        Precio aprox.: 10€.
·        Punt. Personal (0-100): 72 ptos.

El vino se nos presenta con un bonito color rojo cereza con ribetes morados, de capa media, brillante, densidad media y lágrimas medio-rápidas.
Nariz seductora, de intensidad media-alta con aromas a violetas, lavanda, frambuesa madura, albaricoque, regaliz y humo. Se aprecia el hincapié en anteponer en la elaboración la fruta a la madera a pesar de sus 14 meses de barrica, con un discreto cacao en segundo plano.

Boca fresca con una entrada seca, nerviosa y juguetona, de cuerpo ligero y paso rápido. Pronto aparecen notas astringentes, dejando la boca con una sensación de sequedad y verdor al final de la lengua. Sus 14,5 grados de alcohol se hacen presentes, que junto a los taninos verdes quitan calidad en boca a este vino. Quizás necesita más tiempo en botella para pulir esos potentes taninos y honrar a esa nariz que es verdaderamente extraordinaria. No es un vino para todos los públicos, en mi opinión es para gente ya avanzada que entiendan los rasgos de este gran vino.

Cada añada, este vino se va puliendo en su elaboración y va ganando en calidad. Según me cuenta Flequi, “el 2010, si no pasa nada raro, dará que hablar, porque incluso nos gusta más que el 2009, que está francamente bueno. Hemos trabajado con un 20% de raspón y nos ha gustado verdaderamente el tipo de vino que ha salido con esta nueva forma de elaborar: vinos con más frescura, más largo de boca y con una fruta más presente”. Habrá que catarlos para poder compararlos.

Desde este blog personal quiero agradecer a Flequi Berruti su predisposición a informarme sobre todas las dudas que me han ido surgiendo durante la realización de este artículo, y felicitarle por su devoción hacia este mundo tan bonito del vino, que se traslada a todo lo que hace.

¡¡Que Bodegas Ziries siga recuperando viejas garnachas de Cuerva y San Pablo de Toledo!!



miércoles, 4 de mayo de 2011

CORRAL DE CAMPANAS 2008, un "toro bravo"

Hablamos del vino elaborado con las  cepas más jóvenes de la finca de la bodega Quinta de la Quietud. Esta añada, la del 2008, es la sexta que sale al mercado con esta marca, ya que la del 2003 fue la primera en salir a partir de viñedos jóvenes pero de excelente calidad de la variedad reina en Toro: la tinta de Toro.



Variedad tinta de Toro.
  La vid de esta variedad es vigorosa y sensible a la sequía y a las enfermedades. Su maduración es temprana y es vigorosa ante las heladas del invierno. Con racimos compactos y medianos, sus bayas son redondas, medianas y de color negro-azulado. Los vinos con esta variedad tienen colores intensos y oscuros; equilibrados, estructurados  y alcohólicos con aromas profundos a frutas rojas y silvestres. Es una de las mejores variedades con afán de guarda. No olvidemos que es una de las zonas de España que se libró de la temida filoxera en 1.870, con lo que nos podemos encontrar con majuelos con incontable edad de pie franco. ¡Se pude decir que esta variedad es una joya enológica!

Son tres los propietarios, y
de Valladolid.
 La  bodega fue fundada en 1999 por el matrimonio Belondrade-Lurton. En el 2001 fue adquirida por los actuales propietarios españoles y ampliaron las hectáreas de viñedo de 16 a 22. Desde el 2002 los viñedos son de cultivo ecológico  y certificado por el CAECYL (CL9027P). Se abona con estiércol de oveja o mezcla de oveja, vaca y caballo según las necesidades; muy baja dosis de sulfuroso; levaduras autóctonas de la uva; remontados semimanual, bazuqueos y delestage; etc.
Los terrenos sobre los que están plantadas las vides son de alta calidad y muy profundos, compuestos por guijarros en la superficie y suelos franco-arcillo-arenoso hasta arenoso-franco, con contrastes de colores entre el teja y el gris rojizo.
Los vinos que comercializa esta bodega, aparte del que nos toca hoy, son tres:
Botella de Quinta Quietud
2003 reposando en los
botelleros del club. 
-         Quinta Quietud, vino para guardar.
-         La Dulce Quietud, dulce blanco cuyas uvas se han deshidratado sobre esteras de paja.
-         La Mula de la Quietud, procedente de una parcela centenaria.
El vino en cuestión que toca analizar procede, como hemos dicho anteriormente, de viñas jóvenes con rendimientos bajos. Se deja macerar menos días que en añadas anteriores (de 15 a 10/12 días) y se lleva a cabo una crianza especial: El 50% se queda en depósitos con micro-oxigenación, y el otro 50% pasa 6 meses en barricas nuevas y semi-nuevas de roble francés y americano.
Se espera mucho de esta añada (2008), calificada como EXCELENTE, y que es muy comparable a la del 2004.
Se recomienda el servicio de este vino a 15 grados, importante para que no resalten las notas alcohólicas de este gran “toro”, aunque no es el tradicional vino supermaduro, sino que tiene el punto justo de frescura y acidez para que no resulte pesado.
La añada 2006 de este vino fue calificada por el prestigioso gurú del vino con 91 puntos:

Robert Parker, The Wine Advocate
Corral de Campanas 2006, 91 points (june 2009)“The purple-colored 2006 Corral de Campanas is 100% Tinta de Toro, 50% aged in tank with batonnage and 50% in French and American oak, half new. It gives up a fragrant perfume of cedar, scorched earth, espresso, cherry, and cassis. Forward, smooth-textured, and sweetly-fruited, this easy-going, pleasure-bent wine will drink well for another six years.”


CORRAL DE CAMPANAS 2008
·       Bodega: Bodega Quinta de la Quietud.
·       Zona: D.O. Toro (Zamora).
·       Tipo de vino: Tinto con madera (semicrianza).
·       Meses en barrica: 6 meses en barricas nuevas y seminuevas de roble francés y americano.
·       Variedades: Tinta de Toro.
·       % alcohol: 14,5%.
·       Precio aprox.: 6€.
·       Punt. Personal (0-100): 75 ptos.

Este vino fue adquirido en la tienda de vinos Magerit Vinos y Cavas como elección del vino del mes de abril.
Vino tinto de espectacular color rojo picota intenso con ribete violáceo. Capa muy alta propia de estos vinos de Toro elaborados con la tinta de Toro. Limpidez absoluta con una densidad en copa medio-alta y lágrimas tintadas y gruesas que caen lentamente por el cristal debido a los 14,5 grados de alcohol y a la maduración correcta de la uva.
Nariz potente y vigorosa, con una intensidad olfativa de aromas primarios en primer plano de hollejos tostados a causa de las muchas horas de sol de esta región; mermeladas de fresones y ciruelas en licor; y un punto de caramelización de fondo. La madera no se nota en ningún momento, dándole protagonismo a la fruta que nos llena, aún sin haberle dado el primer sorbo a la copa. 
Entrada en boca potente y golosa con una acidez nerviosa pero que no molesta. Gran cuerpo en boca con un recorrido lento y cálido por la evidencia del alcohol y baja acidez. Los taninos, aún sin pulir, dejan una sensación astringente y seca. En la boca, apreciamos aromas por la vía retronasal de frutos negros (moras) y un ápice de regaliz rojo. El grado de post-gusto es impresionante, aunque es un vino no apto para todos los públicos debido a su potencia y sequedad en boca.

Contraetiqueta.
 Yo recomendaría decantar o mejor dicho “trasvasar” este vino para mitigar la astringencia de los taninos a una decantadora, dejando que el flujo del vino sea rápido en su paso al recipiente. Este vino puede aguantar en botella de 5 a 7 años fácilmente, encontrándonos entonces con un vino más domado.
Según mi opinión, este vino lo podríamos tomar también como acompañamiento a un queso viejo curado en un postre, ya que los aromas lácteos, la personalidad y las notas especiadas del queso se ensamblan con la golosidad, carnosidad y las notas frutosas del vino. Ya lo dijo un escritor: “Con queso y vino se hace el camino”.


Tapón de corcho que no hace honor al vino.