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martes, 15 de enero de 2013

VINOS DIFERENTES, la naturaleza de la esencia.




Hoy en día podemos encontrar cientos y cientos de botellas de vinos en grandes superficies, vinotecas y páginas web. Marcas conocidas, con prestigio y años a sus espaldas, seguidos por un público fiel a su línea de sensaciones; o marcas nuevas que buscan producir una atracción bien a través de su vestido (visual) o de su esencia (vino en sí). Personas como la que escribe, que prueba más de 100 vinos al año, llega a la conclusión de que lo que busca es la diferenciación en cada botella que abre, es decir, una distinción sensorial que nos haga fruncir el ceño o despertar una sonrisa de satisfacción por algo nuevo que hayamos encontrado. Y sinceramente, no creo que en los lugares anteriormente mencionados encuentre esa diferenciación de lo global.



No es que esté aburrido o agotado mentalmente para seguir probando estos estupendos vinos, ni mucho menos, pero personalmente lo que busco es eso, las diferencias. Que la chardonnay me sorprenda con un cuerpo menos untuoso, que la tinta de Toro desprenda frescura por los cuatro costados, que una Manzanilla no sea blanca sino amarilla… Y esto creo que se puede encontrar más cerca de lo que creemos, en los vinos “naturales” de los pueblos que nos rodean.


Lías en suspensión

Son aquellos vinos que se hacen en las casas rurales para el consumo familiar diario, sin ataduras de legislaciones ni inspecciones encaminadas verdaderamente por otros a la elevar sus economías. Son vinos que nos transmiten su íntima relación con la tierra de donde proceden, regalándonos su autenticidad y una tradición arraigada a la zona. Los elaboran de forma natural, sin aditivos químicos para su longevidad o antioxidantes, sólo los que trae consigo las uvas, que ya es mucho. Por eso, pueden aparecer sedimentos propios de este tipo de elaboración como son los posos, lías o olores de fermentación más acusados que irán desapareciendo con una buena oxigenación o jarreo. Normalmente se los considera como vinos “a granel” y los podemos encontrar en garrafas de cristal o plástico o en botellas de cristal transparentes sin etiquetas identificativas, ya que nos basta con conocer al elaborador. Utilizan métodos tradicionales como envases de barro, tinajas, pitarras, barricas viejas muy usadas, depósitos de cemento, cuevas subterráneas, etc. Hay algunos que intentan dar el salto y empiezan acogiendo sus vinos a la categoría de Vino de Mesa donde las exigencias son menos duras. En esta categoría también podemos encontrar buenos vinos complejos sensorialmente hablando, fáciles de beber y encaminados al consumo diario para acompañar los platos, pero que además nos regalan ese plus que antes mencioné… algo diferente.

Muestra de varios vinos naturales

A veces pienso que los carísimos “vinos de garaje” (vinos de autor de bodegueros de escasísima producción) que hoy en día se comercializan, intentan imitar y transmitir esa diferenciación al consumidor. Tener esa personalidad propia y despegarse de los vinos comerciales, pero erróneamente con precios desorbitados, que quieran o no influyen irremediablemente en la valoración personal del consumidor.


Toda esta reflexión que os cuento surge a consecuencia de una garrafa de vino que hace poco me regalaron unos buenos vecinos de su pueblo natal. Es un vino de la zona suroeste de la provincia de Málaga, de Manilva, una región con una dilatada tradición vinícola donde muchas de sus bodegas están acogidas a la D.O. Vinos de Málaga, pero donde también hay muchas que van por libre y venden su producto desde la misma bodega o a pequeñas tiendas de comestibles que hay repartidas por todo el pueblo en garrafas de plástico o botellas de cristal sin etiquetar. Manilva es una de las cinco regiones vitícolas en las que se divide la provincia malagueña que colinda con la provincia de Cádiz y formada por suelos albarizos situados en colinas suaves próximas al mar mediterráneo. Su clima tiene influencias atlánticas y mediterráneas y con escasas lluvias.

El vino en cuestión, si nos adentramos en su análisis sensorial, de momento tiene un color atípico, diferente. Es el primer contacto con el vino, el visual, y ya crea curiosidad y ganas de abrirlo. Es de un color no muy brillante, algo turbio incluso, entre rosa y ámbar pálido con matices rojizos, natural por su ausencia de filtrado tal y como lo demuestran sus posos en el fondo de la botella, y con lágrimas medio lentas. En copa nos regala una nariz muy frutal, pronto se adivina la variedad, la moscatel de Alejandría, uva blanca reina en la costa malagueña junto con la Pedro Ximénez. Aromas auvados muy maduros o sobremadurados, pera confitada, florales sobre un original fondo húmedo a barro o arcilla, matices terrosos, brea y fruta cocida. En boca es semidulce, no muy potente, suave, expresivo, de cuerpo ligero y baja acidez y con final intenso y espiritoso, con sabores arcillosos y a fruta blanca muy dulce sobremadurada. Es un vino diferente a lo habitual, y eso como antes os he dicho, me agrada, con sus virtudes y sus defectos, pero me cuenta cosas distintas a la mayoría de vinos que nos podemos encontrar en la mayoría de bares y restaurantes.
Seguiremos buscando, porque seguro que esta búsqueda es eterna, gracias a Dios.

miércoles, 27 de julio de 2011

MARINA ESPUMANTE 2010, burbujas del Levante.

Dando una vuelta por la sección de vinos y bebidas de un gran supermercado, me topé sin quererlo, con uno de los vinos de los que siempre quise volver a probar. Y digo “volver” porque ya tuve la ocasión de catarlo en la importante y magnífica Feria de los Vinos Nobles de Jerez del año pasado. En esta ocasión, y haciendo honor a las altas temperaturas de estas fechas veraniegas, nos encontramos con un vino espumoso, pero no es un cava ni un champagne, es un espumoso dulce alicantino que refresca y hace disfrutar de todo aquel que lo toma. Y es así como yo lo recordaba: color muy pálido con abundante burbuja fina y corona muy espumosa, aromas limpios de frutas de hueso blancas y florales, y una boca chispeante y dulzona. Es un vino de los que yo llamo “de gusto universal”, porque gusta a todo el mundo, incluso a los reacios a los espumosos tipo cava, champagne, etc.; siendo idóneo para servir como aperitivo o postre en una comida entre amigos. ¡No te falla!
Este vino espumoso está elaborado por el método Charmat. Y ustedes me diréis, ¿qué es eso de Charmat? Voy a explicarlo y de camino aclaramos algunos conceptos sobre la familia de los espumosos:
Hay muchos tipos de espumosos, pero podemos clasificarlos por el origen de las burbujas en espumosos exógenos y espumosos endógenos:
-          Exógenos: Son los que se les añade gas para la formación de burbujas, como los “lambruscos” o “vinos de aguja”.
-          Endógenos: Son los que obtienen las burbujas por su fermentación, como los “cavas” o “champagnes”.
Los endógenos son los más valorados por la tradición y por el tiempo empleado en su elaboración, y dentro de ellos los elaborados por el método tradicional o champenoise son los más cotizados. Aquí, el gas carbónico procede de una segunda fermentación en la botella por la adicción previa de azúcar y levaduras que se acumulan en el cuello al posicionar las botellas en las rimas o pupitres para su posterior degüelle (acción de congelar la zona cercana al tapón, retirar este y verter los sedimentos solidificados por el frío junto con una pequeña cantidad de vino).Esta segunda fermentación se produce en la misma botella que después saldrá al mercado. En el método Millispark ocurre igual, pero las levaduras están dentro de una cápsula para una mayor limpieza en el degüelle. El método Transfer también tiene la segunda fermentación en botella por el añadido de levaduras, pero luego se pasa, manteniendo siempre la presión, a depósitos para ser filtrado y embotellado para su venta. 

En el método Charmat, que es el propio del espumoso del que estamos escribiendo, la segunda fermentación se lleva a cabo en grandes cubas de acero inoxidable bajo presión o Granvas (gran envase) durante al menos 20 días, para su posterior filtración y embotellado. Se utiliza por ejemplo en el conocido Asti spumanti italiano. Es un método más rápido y menos laborioso que el tradicional, por lo que se produce normalmente en mayores proporciones, dando lugar a precios muy asequibles por botella. El resultado es un vino con menos complejidad, pálido y ligero, aunque más “limpio” en aromas y fresco en boca.

También podemos mencionar a los espumosos según el país de origen:
-          Cremant en Francia (los champagnes son los espumosos producidos en esa histórica zona francesa).
-          Cava o espumosos en España.
-          Spumante en Italia.
-          Espumante en Portugal.
-          Sekt en Alemania.
-          Champaña o vino espumoso en Chile.
-          Sparkling Wine en EE.UU.
-          Pezsgö en Hungría.
-          Pomar Espumante en Venezuela.
-          Etc.
Antes de pasar a la cata de este vino espumoso, debemos decir que la bodega de la que proviene (Cooperativa Bodegas BOCOPA) es una de las más importantes de la costa levantina a nivel de producción, sacando al mercado más de la mitad de toda la producción de la D.O. Alicante, y recogiendo numerosos premios nacionales e internacionales por sus vinos. Precisamente, este año, el Marina Espumante ha sido premiado en el concurso “Vinalies Internacionales” con la Medalla de Oro, además de  conseguir el Manojo de Plata de los “Premios Manojo” en Tordesillas, referente para las bodegas cooperativistas.

Botella llamativa y original, al estilo italiano.

Detalle curioso en la cápsula de la botella.

                     
Llaman también la atención los 7 grados de alcohol de este vino, que lo hacen más amable ante los ojos de la sociedad de hoy en día que prefiere bebidas bajas en alcohol; y su buena relación calidad-precio, haciendo frente en este aspecto a los “sobrevalorados” champagnes franceses.

MARINA ESPUMANTE 2010
·        Bodega: Bodegas Bocopa.
·        Zona: D.O. Alicante.
·        Tipo de vino: Blanco espumoso dulce.
·        Meses en barrica: No tiene. Método Charmat.
·        Variedades: Moscatel de Alejandría.
·        % alcohol: 7%.
·        Precio aprox.: 5,5€.
·        www.bocopa.com
·        Punt. Personal (0-100): 74 ptos.

Para el análisis visual, prefiero escanciar este tipo de vinos (espumosos) en una copa tipo “flauta”, ya que creo que se aprecia mejor la verticalidad, tamaño y velocidad de las burbujas (perlaje), y no se forma tanta espuma en la superficie como en una copa tipo “burdeos”. En el examen de la efervescencia, podemos apreciar una abundante espuma brillante y persistente. Por debajo de ella las numerosas y finas burbujas suben a la superficie rápidamente, como si les faltara el aire, pero siempre una detrás de otra formando varias columnas verticales. El color del vino es muy pálido, casi blanco, destacando su gran brillo y transparencia.

Cambiamos de copa a la de tipo “burdeos”, dónde podemos apreciar con más intensidad los limpios y potentes aromas típicos de esta variedad de uva: almizcle, pera blanca, azahar, mosto, y alguna fruta cítrica y tropical.
En boca todo es facilidad y frescor, incitándote a dar otro sorbo a la copa. Fruta por los cuatro costados, imponiéndose el sabor a mosto y a pera blanca. La dulzura de este vino no es empalagosa, siendo acompañada con el chisporroteo de las burbujas que cosquillea nuestra boca y lo hace más fresco y agradable.
Este tipo de vinos espumosos dulces y aromáticos se deben servir con hielo en una cubitera y tomarlos, para disfrutarlos con toda su plenitud como aperitivo, a unos 6 o 8 grados de temperatura. ¡¡Qué bien se saborean estos vinos en estos meses veraniegos!!

¡Hasta pronto!