miércoles, 12 de septiembre de 2012

TESOROS- Viña Tondonia Blanco Reserva 1992... presente, pasado y futuro




De la amplia gama de vinos que descansan en los botelleros de las profundidades de mi morada, le llega su juicio final a un blanco riojano de los que hay que tener la fortuna de beberlos por lo menos una vez en la vida. Es el VIÑA TONDONIA BLANCO RESERVA 1992, un vino atípico con una crianza en viejas tonelerías de madera durante 6 años y otros 9 años en los botelleros de la bodega. La bodega, perteneciente a la familia López de Heredia, elabora todos sus vinos de forma tradicional y artesanal, manteniendo sus principios pese a las modas que empujan a la globalización de los gustos. Este blanco en cuestión, está elaborado con viura y un pequeño porcentaje de malvasía. Las fermentaciones la realiza en tinas de roble de 60 hectolitros sin controles térmicos y seguidamente se trasiegan a barricas viejas bordelesas de roble de 225 litros durante unos 6 años con 2 trasiegos anuales para eliminar las heces (lías e impurezas) formadas por decantación en el fondo de las barricas. Llega el momento de que el vino pase a botella y desarrolle el “bouquet” (aroma que adquiere el vino durante su proceso de envejecimiento). Para ello se clarifica previamente con claras de huevos frescos que se depositan en la barrica arrastrando esas impurezas al fondo de esta; al mes y medio aproximadamente se embotella sin filtración para que conserve todas sus cualidades. Impresionante y costosa elaboración, ¿no creen?

Y es que abrir una botella de este blanco es como algo mágico, una botella que no se abre todos los días ni todos los años. La magia reside en la filosofía de esta familia que lucha por tener presente sus principios y tradiciones elaborando vinos como se hacían hace 200 años… todo muy artesanal y clásico. Y esto se sigue haciendo gracias a la labor que desempeña el abuelo, Pedro López de Heredia Ugalde (tercera generación de bodegueros), quién hace ya muchos años atrás aseguró esta línea de vinos con largos envejecimientos en barricas añejas. Sin embargo, este vino blanco millésime (de añada) no es para todos los públicos, ya que es difícil de entender por el aficionado menos experimentado. Los aficionados comunes están acostumbrados a vinos blancos de la última añada con rasgos muy frutosos y frescos, ligeros, con matices jóvenes y florales, poco profundos. Esto es otra cosa… profundidad, redondez y matices atípicos, siempre bien acompañados por una alta acidez que le da la oportunidad de alargarse con una buena vejez protegiéndolo de posibles contaminaciones. Es como muchos denominan un “blanco con alma de tinto”.
Y muchos de los lectores se pueden preguntar ¿un blanco en La Rioja? Pues sí. Ojeando revistas olvidadas que tengo sobre vinos, encontré que en La Rioja y más concretamente en Haro, en el siglo XVII, las variedades tintas eran minoritarias debido a que se utilizaban para tintar los vinos blancos para hacer “claretes”. Aparte, la producción de uva blanca era mucho mayor que la tinta y se hacían muchos más vinos blancos. Por aquellos años el “vino” era casi en su totalidad vino blanco. Quién lo iba a decir hoy en día, cuando muchos incultos se refieren al vino tinto de calidad llamándolo “rioja”, sin pararse a pensar en que antiguamente el “rioja” siempre fue blanco.
En BODEGAS LÓPEZ DE HEREDIA VIÑA TONDONIA, aparte de su pasión por envejecer sus vinos con largas crianzas tanto en barricas como en botellas, también dan mucha importancia al trabajo en la viña y a las añadas. Porque según María José Heredia, nieta de Rafael, si se quiere hacer el mejor vino hay que trabajarlo desde el campo. Y como prueba de ello, guardan en sus calados reservas de añadas concretas que acreditan la calidad de la cosecha. No obstante, debido al efecto equilibrador de la larga crianza tanto en madera como en botella, los vinos de esta familia se caracterizan por su homogeneidad, es decir, cambian poco de un año a otro con diferencias mínimas aportadas por la cosechas.
Habiendo dormido en mis botelleros durante unos 5 años, llega el momento de abrir este gran vino y apreciar la influencia del tiempo y su evolución. Todos soñamos con probar un vino perfecto que haya envejecido de la mejor forma posible, pero esto, a veces, es imprevisible e imposible de controlar al 100%, incluso teniendo el lugar perfecto para el reposo de la misma. Juegan muchos aspectos aparte de la guarda, tales como la calidad de la cosecha, las condiciones del embotellado, el tipo y estado del corcho, las características fenólicas del vino, etc. Ahí también está el encanto de los vinos añejos… en la incertidumbre. Este vino puede demostrarme también el potencial de las variedades blancas riojanas (viura y malvasía) para el envejecimiento. Es en la crianza donde la viura saca a pasear su excelente acidez y aptitud ante la oxidación, acompañada de una pequeña proporción de malvasía para aportar cuerpo y aromas extras. Partiendo de la base de que los blancos requieren un período de envejecimiento mucho más corto que el de los tintos por la ausencia de contacto con los hollejos en su elaboración (menos compuestos fenólicos) y de los muchos años de redondeo en botella (14 años en total), escojo una copa tipo borgoña que recoja esos nítidos aromas otorgados por la crianza tanto aeróbica cómo anaeróbica. Le quito la cápsula y al parecer el corcho se encuentra en perfecto estado (no hay hongos ni fugas aparentes). Esta es una de las primeras incertidumbres que se nos asoma al abrir una botella con unos cuantos años de más… el estado del corcho. Visto el buen estado del mismo, me decido a abrirlo con un sacacorchos muy lentamente para evitar su rotura. Todo ha salido bien… limpiamos el gollete con una servilleta y a catar!!

VIÑA TONDONIA BLANCO RESERVA 1992

90% viura y 10% malvasía.
D.O.C. Rioja.

12,5% alcohol.
6 años crianza en barrica y 14 en total en botella.

VISTA
Es de color amarillo limón con brillantes e intensos destellos dorados, un oro viejo que envuelve toda la copa. Transparente y muy límpido con un movimiento algo denso.

NARIZ
Aromas de vejez, de sabiduría, y eso sólo sin mover la copa… tremendo.
Intenso, expresivo y complejo en primera instancia. Luego aparecen envolventes aromas especiados de la madera que sobresalen sin ser protagonistas. Mucha fruta amarilla escarchada, mieles y recuerdos de virutas de lápiz. Elegante y fino… inmenso.
Lo dejo respirar para que se exprese con más tranquilidad. Aparecen aromas que nos recuerdan a las hojas de libro antiguo, anises, tabaco rubio, hojas de té, etc., y así podría seguir, parece interminable.

BOCA
Entrada seca y de recorrido ligero, lo mejor está al final, su postgusto con aromas muy persistentes, casi llegando al nivel de los buenos amontillados jerezanos. Acidez impecable, incluso diría con un enorme potencial para aguantar otros 20 años más… quién sabe!! Retrogusto con recuerdos de madera añeja (nuez moscada y cofres marroquíes) y dejes licorosos de frutas amarillas en compota.


Un vino serio, complejo y armónico, al más puro “Estilo Tondonia made for románticos”. Y si queréis más romanticismo, visitad las instalaciones de esta centenaria bodega, la más antigua de Haro, dónde como dicen todos las que la visitan “es como viajar atrás en el tiempo”. Personalmente es una de las que seguro visitaré en un futuro, queda apuntada.
Bodegas como estas son las que necesita el mundo del vino, bodegas auténticas, donde la tradición y los valores se anteponen a gustos y modas que van y vienen. Claro que habrá gente a la que este vino no le atraiga, o no le guste. Como dice el dicho…”el libro de los gustos está escrito en blanco”, pero lo auténtico es algo nuestro que deberíamos cuidar.
Hasta pronto!!

lunes, 27 de agosto de 2012

PALO-CORTADO TRADICIÓN, misterios del sur.



Durante los escasos días de vacaciones de los que dispongo al año, aprovecho para escaparme en una visita fugaz de las mías, a la capital mundial de los vinos finos y generosos, es decir, a Jerez de la Frontera. Después de varias peticiones y ruegos a mi sufridora mujer para que me deje ir una mañana en plan “enoturístico”, esta cede y rápidamente cojo mi cámara y mi libreta para colarme, sin previo aviso, en una de las bodegas con más calidad y tradición del Marco de Jerez. Y digo tradición porque ese es su nombre, Bodegas Tradición.
Mucha calor por esas calles jerezanas, pero una vez que uno entra en una de estas bodegas parece que está en el cielo y surge la magia… ambiente fresco y aromas de jereces que flotan como perfumes. Lo dicho, el cielo para un enamorado de los vinos de Jerez como yo. Con dos naves separadas, una para la crianza de los brandies y otra para la de los vinos, la bodega no es muy grande, del estilo de Maestro Sierra o de Rey Fernando de Castilla. Botas que crían los vinos por el tradicional sistema de solera, a excepción de unas cuantas botas de crianza estática, es decir, con una añada específica para amontillado, palo-cortado, oloroso y px, que en su día se guardaron bien para recordar un año en concreto o por ser una añada con mucha calidad.
La filosofía de la bodega aúna tradición y métodos artesanales para dar productos con una calidad sublimes. De hecho, todos sus vinos tienen el certificado del Consejo Regulador como vinos V.O.S. (Vinum Optimun Signatum o Very Old Sherry) o V.O.R.S. (Vinum Optimun Rarum Signatum o Very Old Rare Sherry), que aseguran el camino de calidad de estos caldos. Como ya creo que he explicado en algún post anterior, V.O.S. son los vinos con una crianza en solera de más de 20 años y V.O.R.S. con una de más de 30 años. Es como una clasificación de los vinos muy viejos del Marco jerezano con unas características propias otorgadas por el tiempo. Las botas de estos vinos viejos son precintadas por inspectores del Consejo Regulador para corroborar su vejez y calidad. Son sometidos al examen de un comité de cata independiente y sin ninguna vinculación a la bodega, certificando la vejez media y su extraordinaria calidad. Todo el proceso de elaboración y crianza es muy manual, casi todo a la vieja usanza, desde los rociados de criaderas por gravedad a el etiquetado o lacrado de las botellas, siempre a mano.


Cuatro son los vinos de esta bodega con una calidad impresionante: Amontillado, Palo-Cortado, Oloroso y Pedro Ximénez. Todos me dejaron alucinado por sus características organolépticas, pero el que se llevó el gato al agua, mí preferido, fue la rareza de los generosos jerezanos, el Palo-Cortado, con una crianza en solera de 35 años. Esta tipología de vino surge, según cuentan los muy entendidos, por azar. Son vinos que están destinados a la crianza biológica cuyo velo de flor se desvanece en un determinado momento por variaciones de humedad principalmente, aproximándose hacia características de amontillados y olorosos. En este aspecto juega gran importancia la nave dónde se encuentran las botas, donde la oxidación depende de la frescura de estas; a más frescura se produce una oxidación más lenta, y a mas temperatura se acelera la misma. De hecho, el Consejo Regulador define a estos “misteriosos” como vinos que aúnan la delicadeza y finura en nariz de un amontillado con la estructura y redondez en boca de un oloroso. Y créanme, este PALO-CORTADO TRADICIÓN lo cumple al 100%. Elegante y sabroso.
El camino que sigue una uva para convertirse en un palo-cortado es el siguiente, según me explicó muy bien la guía de esta bodega:

Se vendimia la variedad palomino fino (siempre esta variedad) y se lleva al lagar para su prensado sin ejercer demasiada presión, para que salga un zumo ligero y suave idóneo para la elaboración del fino. Se realiza la fermentación alcohólica y el añadido de levaduras, siempre autóctonas, para la fermentación y el desarrollo del velo flor, consiguiéndose el mosto base. Se le corrige en acidez y se clasifica por primera vez después del deslío (separación de las lías) para que el mosto más ligero y limpio se destine al camino de los finos (el mosto más “gordo” se dedica a los olorosos). Seguidamente, se encabeza con alcohol vínico hasta los 15 grados y se trasiega a botas en “sobretablas” (las más altas de las andanas destinadas a finos) para que, rellenando hasta las 5/6 partes, desarrolle el velo flor. Aproximadamente al año, el capataz hace la segunda clasificación, y es ahí cuando ocurre lo inesperado o misterioso… Este “fino” debido a diversas circunstancias (cambio de temperaturas, uvas de pagos diferenciados, personalidad de determinadas botas, etc.) aún tiene esa finura y limpieza en nariz típica de los finos, pero en boca se va haciendo más untuoso o “gordo”. El capataz toma la determinación de descartarlo de la andana de los finos y lo encabeza con alcohol vínico hasta los 17 o 18 grados. Estas botas se asignan a la andana de palo-cortado y son marcadas por el mismo capataz a tiza con una raya horizontal cortando a la anterior vertical (señal de fino), formando así la marca del palo-cortado, tal y como muestro en la foto. En sucesivos controles del capataz sobre estas botas de palo-cortado, puede trazar hasta cuatro veces con una raya horizontal a la vertical, dependiendo de las correcciones y “gordura” del vino.
También hay otras formas de elaborar los palo-cortado más o menos fraudulentas pero no llegando al punto de ilegales (mezcla o cabeceo de amontillado y oloroso) utilizados por otras bodegas, pero que para un sibarita como yo es como un insulto… pero como no es el caso de esta bodega en cuestión ni tampoco este es el sitio para hablar de ello, prefiero no tocar este tema a debate.
Hace poco mi compañero y bloguero Vicente Vida, en una entrada reciente de su blog “Vinos Para Compartir”, ponía al lector en una compleja tesitura… qué vino beber si sólo hubiera un día más. Pues yo lo tengo muy claro Vicente, el PALO-CORTADO TRADICIÓN, por su eternidad para los sentidos. Es un vino, primero, para tomarlo sentado en tu rincón personal favorito y, segundo, para ser acompañado por una buena compañía que también aprecie tanto este vino como el que escribe. Y si a todo esto le añadimos una buena partitura de música clásica ambientando la habitación, créanme que tiene que ser lo más parecido a estar en el cielo con los sentidos en la tierra. Es un vino bello en todos los sentidos para los sentidos. De los que pueden llegar a poner la piel de gallina.
Su larguísima crianza le otorga sutilezas y diferencias olfativas, siendo popularmente definidos como “vinos de pañuelo” o “vinos de alcoba”. Personalmente los considero como “vinos perfume” porque una vez que los tomas, te acompañan durante todo el día dejando ese perfume que nos recuerda lo maravilloso que puede ser un gran vino. Vamos con su descripción:

PALO CORTADO TRADICIÓN

Botella Número 219/1500.
100% palomino fino.
19,5% de alcohol.

MIRADA
Es cristalino, transparente, sinuoso, femenino y coqueto. Vistiéndose con un traje hecho a medida dorado viejo y con destellos ambarinos. Seductor.
FRAGANCIAS
Impresionante es su mejor calificativo. De los que se catan a un metro de distancia. Elegante y punzante, sensual diría yo, muy fino y fresco, con perfumes de especias dulces (vainillas) y maderas muy viejas. Recuerdos de flor de su lejana juventud combinados con frutos secos (nueces y avellanas) e infusiones de té. Todos muy integrados y equilibrados.
SORBO
Ataca seco pero pronto nos encontramos con una piel sedosa y sensual, muy elegante y equilibrada. Ligero en su recorrido, con una calidez muy integrada y una amplitud compleja. Su final es de cine… hermoso e interminable, recordándonos a esa sublime nariz.


Desde aquí quiero felicitar a esta gran familia de Bodegas Tradición por todo lo que nos deja compartir, sus maravillosos vinos. Que sigan así hasta la eternidad. Gracias.

jueves, 16 de agosto de 2012

BODEGA F.J. RUIZ, historia de Chiclana de la Frontera.





Hoy toca hablar sobre los vinos de Chiclana de la Frontera, tan próximos pero tan desconocidos para mí. Desde muy pequeño siempre he oído hablar sobre los vinos de esta localidad, de sus finos y sus moscateles, siendo los más nombrados junto a los generosos jerezanos. Y hoy en día están a la baja, tanto por las circunstancias económicas presentes que sufre el país como por el peso popular de los anteriormente mencionados caldos del Marco de Jerez. Podría referirme a los vinos chiclaneros como la cenicienta de este hermoso cuento que, quién sabe, en un futuro, espero que no muy lejano, pueda convertirse en princesa de los generosos de la tierra de Cádiz.

Dando una vuelta por las proximidades del centro de Chiclana de la Frontera, me topé por casualidad con una pequeña tienda de vinos, de nombre “El Rincón del Vino”. Esta tienda pertenece a la Bodega F.J. Ruíz donde se exponen todos los vinos que se elaboran en dicha bodega, tanto en botellas como “a granel”. Detrás del mostrador un hombre mayor, de unos 80 años, de personalidad simple y bonachona, pero sabio y con un gran corazón. Su nombre es Diego Ruíz Aragón, y es el culpable de la gran calidad que poseen los vinos de esta bodega. Es muy fácil hablar con él porque te da tranquilidad y transmite esa sabiduría de la gente antigua. Me cuenta la historia de la bodega con relatos antiguos claves en la vida de los vinos de Chiclana. Relato tras relato, me va mostrando la tienda, pequeña pero coqueta, suficiente para albergar las botellas en venta junto con unas 6 botas de vino de 50 litros cada una para vender directamente “a granel” a los clientes que traigan garrafas. Pasamos seguidamente a las entrañas, la trastienda o bodega donde descansan las botas colocadas en hileras, una encima de otras, según el tradicional sistema de envejecimiento por soleras o criaderas. A su lado, la sala de fermentación y un pequeño cuarto de embotellado y etiquetado. Cabe destacar la extrema limpieza en toda la instalación, de las más limpias que he visitado, concepto tan importante para hacer buenos vinos. Todo muy manual y artesano, como a mí me gusta.

 Tengo que mencionar que todos los vinos de esta bodega pertenecen a la D.O. Jerez-Xeres-Sherry, tal y como se demuestra en su precinto de seguridad. Es como un requisito si quieren pertenecer al círculo de calidad de los vinos del Marco de Jerez. En el triángulo que conforman las poblaciones del Marco de Jerez deberían también de incluirse, ya por méritos propios, a Chiclana de la Frontera y a Chipiona, tal y como comentaba mi buen amigo Guillermo en la última entrada de su blog. Como en muchas denominaciones de origen, se exige por parte del consejo regulador el cumplimiento de muchas normas y reglas, siempre relacionadas con gastos económicos que, por desgracia, no son afrontables por muchas pequeñas bodegas con ingresos mínimos que terminan desapareciendo. Este fue uno de los muchos temas que traté hablando con Diego.


También se habló de la historia de esta bodega, creada en 1897 y vinculada a la familia Ruiz y a la historia de la ciudad de Chiclana.
Llega el momento tan deseado, la cata de todos sus vinos. Su gama va desde el fino hasta el dulce viejo, y la joya de la bodega… un dulce moscatel muy muy viejo con una solera de más de 80 años, ahí queda eso.

-     Fino “Zahorí”: Color amarillo pálido, cristalino y brillante. En nariz es punzante, salino, perfumado, con recuerdos a flores blancas. Paladar seco y fresco, muy expresivo, persistente, con aromas francos de levaduras de la solera. Alcohol= 15%.
Es un fino de Chiclana diferente, de excelente calidad, que pasaría en una cata a ciegas como una buena manzanilla de Sanlúcar de Barrameda. Lo recomiendo encarecidamente.
Además, la historia de la solera de este buen fino surgió de la historia de Chiclana. Más adelante os cuento.


-     Amontillado Fino “La Parra”: Color pardo, cristalino, con reflejos cobrizos. Nariz fragante y fina con aromas que evocan a los frutos secos tostados, madera vieja y desván. Boca sedosa, ligera, expresiva, con un final muy persistente. Alcohol= 17%.
Buen amontillado.




-     Cream “El Abuelo Fernando”: A la vista es de color caoba con reflejos ambarinos. Nariz sedosa y dulzona, nariz de oloroso. Boca con entrada dulce, prosigue seco y termina muy persistente. Alcohol= 18%.





 




-     Moscatel “El Dorado”: La copa se viste con un juvenil vestido amarillo dorado, brillante y denso. En nariz es potente con aromas de dulcedumbre, pastelería (cremas), fruta amarilla escarchada y balsámicos. En boca se muestra sedoso, goloso, denso, persistente, y con un final que recuerda a la galleta tostada y a la miel de abeja. Alcohol= 18%.




-     Moscatel “El Viejo Dorado”: Bonito color rojo inglés oxidado con reflejos yodados, denso y lagrimoso. Nariz licorosa, pasificada, tostada, penetrante. Boca poderosa, potente, dulce, licorosa, ácida, calurosa y muy persistente. Alcohol= 18%.
Buen postre para terminar una comida.

-     Moscatel “Gran Reserva 1930”: Saca limitada de una añada que seguro es más antigua de la que señala, pero que se indicó como homenaje al año de nacimiento de Diego Ruíz Aragón. No quiero ser muy atrevido pero tendría cabida entre los excelentísimos dulces V.O.R.S. de Jerez en los que desearía con todas mis ganas que se parase el tiempo. En copa se muestra muy denso, alcohólico y con abundante lágrima. Tiñe la copa al moverla y presenta un color caoba oscuro con ribetes yodados, muy opaco. Nariz fina y delicada, nada empalagosa, pero intensa y profunda, encantadora. Encontramos uvas pasas, higos secos y cáscara de naranjas. También bombones licorosos de café y recuerdos de ebanistería. Boca exquisita, muy dulce y sedosa, equilibrada con una acidez impresionante que le depara una larga vida. Licores anteriormente señalados que empapan toda la boca terminando con un postgusto muy largo. Impecable y sensacional. Alcohol= 18%.

Retomo la historia del fino “Zahorí”:

La solera de donde procede este fino está vinculada a la figura del artesano chiclanero Pepe Marín, dueño y creador de la Fábrica- Museo de Muñecas Marín, cuyas muñecas, las flamencas que decoraban las televisiones y salones de toda España, fueron muy famosas a nivel internacional. Al parecer, este personaje tenía una gran afición aparte de su trabajo con las muñecas, la de hacer vino de Chiclana. Poseía una pequeña bodega cerca del río Iro, en el centro del pueblo. Así comienza la historia de la solera de este fino, Zahorí, como el nombre de una de sus muñecas. Pero todo cambió en el año 1965, en una importante riada del Iro que inundó casi la totalidad del pueblo, provocando un gran desastre a nivel local. Desgraciadamente, se perdió casi toda la solera de este fino y fue Diego Ruíz, empleado por entonces en algunas labores de esta bodega, el que con mucha paciencia y profesionalidad, empezó de cero, desde el mosto, para crear lo que es hoy en día la flor o madre del actual Fino Zahorí. Mucho trabajo, rellenando cada bota con 100 litros hasta conseguir la madre perfecta, una flor que los antiguos consideran incluso mejor que la desaparecida en antaño, de más calidad.

Respeto, admiración y tradición es lo que me llevo de esta bodega de grandes maestros bodegueros que en su cuarta generación, dirigida por Fernando Ruiz, tiene que adaptarse a los días actuales teniendo siempre presente su historia… es ley de vida si se quiere sobrevivir.

Como colofón a este post, os dejo las letras del himno al vino de Chiclana, compuesto por Miguel Ángel Argüez e interpretada con un tanguillo por Antonio Alemania de forma magistral:

Los placeres de la tierra
El vino que hay en mi tierra tiene la hondura de una campana
y el ímpetu del levante en el pelo negro de mis paisanas
y una copita pone en tus labios un sol y una sinfonía
y dos copas dan lecciones de charla y filosofía
¡y a la tercera te arrancas por alegrías!  
Cuenta la historia que cuando el fenicio en su barco a esta tierra llega
se fue corriendo a Chiclana pa celebrarlo en una bodega.
De la brisa, las nubes y del dorado que tiene el sol
son los placeres de la tierra pa´l paladar y pa´l corazón
Anda y llena tu vaso que vamos a brindar  
¿Qué tendrá, compañero, este vino?  

por la huerta y la playa, las viñas y la mar  
¿Qué tendrá que me sabe divino?  

Si el güisqui viene de Escocia y el ron viene de la Habana...
¡El vino de to la vida siempre en Chiclana, siempre en Chiclana!
Mi vino tiene la tierra y el verde fresco de los vergeles,
las trenzas de los viñedos y el pozo en calma de los toneles.
Algunos dicen que el vino fino es el más recomendao
y otros prefieren el dulce moscatel saboreao
¡Y hay otros que, como yo, los dos rebujaos!
Porque si los fanfarrones nunca pasaron del Puente Suazo
que porque Napoleón se entretuvo en Chiclana con unos vasos.
De la tierra rojiza, del agua clara y del cielo añil
son los placeres de la tierra, son los tesoros del buen vivir
Anda y llena tu vaso que vamos a brindar  
¿Qué tendrá, compañero, este vino?  

Por la huerta y la playa, las viñas y la mar  
¿Qué tendrá que me sabe divino?  

Pa’l almuerzo, pa’l tapeo, la tertulia o la jarana
¡El vino de to la vida siempre en Chiclana, siempre en Chiclana!
¡Siempre en Chiclana, siempre en Chiclana!
 

miércoles, 25 de julio de 2012

VIÑA ALMATE, de la tierra a la copa.



Desde hace ya unos cuantos meses se estaba trabajando en la presentación de los vinos de Alfredo en el sur de España, más concretamente en El Puerto de Santa María (Cádiz). VIÑA ALMATE es el nombre de la bodega, refiriéndose al nombre de su creador Alfredo Maestro Tejero, entusiasta de los buenos vinos que van desde la tierra a la copa naturalmente, sin añadidos ni tratamientos químicos, expresando la personalidad de la uva y del terroir de donde procede.


Fran Cordero, sumiller de la
 vinoteca "Vinos y Maridaje"
 El lugar elegido para esta cata fue la mesa de la cada vez más importante vinoteca portuense “Vinos y Maridaje”, donde gracias al servicio de su apasionado sumiller Fran Cordero y al trabajo de presentación del winebloguer Vicente Vida del reciente blog madrileño “Vinos Para Compartir”, me permitieron organizar este evento, ante las numerosas informaciones de la gran calidad de estos vinos.
Vicente Vida, amante y conocedor de muchos buenos vinos, expuso la cata desde un punto de vista de un gran amigo de Alfredo, que lo conoce desde hace muchos años, pero que no tiene ninguna relación laboral con él, solamente una buena amistad. Nos comenta que las grandes características de estos vinos son: su naturalidad, la utilización de maderas nuevas o azueladas sin tostados para que la fruta se exprese con toda su fuerza, y la expresión del terreno de donde chupan las vides. Alfredo respeta la biodiversidad existente entre cepa y cepa, sin necesidad de labrar el terreno o regarlo ni en los momentos de mayor estrés hídrico; incluso planta flores o variedades de plantas que ayudan a la buena sanidad de las vides. Tampoco utiliza productos químicos como herbicidas, pesticidas, sistémicos, etc. Todo siempre de forma tradicional o un poco arcaica.


Mesa de cata
 Esta cata se programó para conocer los vinos de Alfredo, pero principalmente para que fuera una cata entre amigos, para que lo pasásemos bien con buenos vinos. Vicente es natural de San Fernando (Cádiz), y es en su residencia actual en Madrid, donde está disfrutando verdaderamente del mundo del vino. Desde el primer momento, le ilusionó la idea de poder presentar los vinos de Viña Almate en su tierra, rodeado de amigos y comprobando el crecimiento de aficionados con un gran nivel que están aumentando enormemente en número en los últimos años.


Botellas con "lacre"
 De los 5 vinos presentados (Alfredo tiene más referencias), 3 estaban sellados con lacre. Cuando se nos presenta una botella para descorchar con lacre, se nos crea una duda en la cabeza… ¿habrá que rascar todo el lacre antes del descorchado o sólo la parte por dónde va a salir el corcho? La respuesta es ninguna de las dos. La técnica consiste en atravesar el lacre con el tirabuzón del sacacorchos como si no estuviera, y cuando lo hayamos extraído por la mitad, limpiamos las partículas de cera del lacre con una servilleta, para seguidamente, sacarlo por completo, limpiando los restos que quedan en el gollete con mucho cuidado para que no entren dentro de la botella. Como ejemplo, qué mejor que un vídeo explicativo grabado por el dueño de la bodega:


                       


                        

Pasamos ahora a hablar de los vinos que fueron catados. Aunque la bodega se encuentra en la localidad vallisoletana de Peñafiel, los viñedos se hayan repartidos por diferentes zonas cercanas. Es una de las singularidades de estos vinos, que expresan la mineralidad del viñedo o parcela y la añada en cuestión.

46 CEPAS 2010 (14% vol.)
Elaborado con merlot de los viñedos en espaldera situados en Bocos de Duero (Valladolid), a orillas del rio Duero a una altitud de 755 metros. No tiene ningún paso por madera, realizándose remontados diarios y maloláctica en depósitos de acero. Trasiegos naturales para eliminar los precipitados en su elaboración.
En copa se muestra con un color rojo cereza no muy intenso y con ribetes algo evolucionados.
Nariz frutal, madura, elegante, franca y perfumada.
En boca es fresco, sedoso, equilibrado y muy frutal con un postgusto áspero.

VIÑA ALMATE 2011 (14,5% vol.)

100% tempranillo de la zona de Valtiendas (Segovia) a 1000 metros de altitud. Pasó 4 meses en barricas francesas y en su elaboración se añadió el 10% con racimos enteros sin estrujar. Remontados diarios y maloláctica en depósitos de acero, para pasar a las barricas con trasiegos periódicos.
Intenso y cubierto rojo picota, negruzco, denso y opaco.
En nariz sobresale una elegante fruta negra madura con intensidad, y en segundo plano perfume de flores de colores. Escondido, un nítido rasgo mineral que le da personalidad y carácter.
Boca impresionante. Golosa, fresca, frutal, astringente y con taninos poderosos. Retrogusto muy persistente y frutal.

LA OLMERA 2010 (13,5% vol.)

Tinto fino de una parcela en espaldera llamada “La Olmera”, situada en Bocos de Duero (Valladolid) a una altitud de 756 metros. Pasa 12 meses en barricas francesas con trasiegos oportunos por decantación para eliminar residuos e impurezas.
En copa es de color rojo cereza muy intenso y brillante, rodeado de un ribete morado.
En nariz se muestra cerrado al principio, apareciendo a posteriori aromas elegantes a fruta, balsámicos y terrosos.
En boca es potente, elegante, sedoso, sabroso y amplio. Fruta roja de calidad.

LA GUINDALERA 2010 (13,5% vol.)

Tinto fino cuyas cepas en espaldera tienen casi 30 años, de una parcela llamada “La Guindalera” situada en Bocos de Duero (Valladolid) y que está justamente pegada a “La Olmera” pero cuya composición vertical del suelo es diferente a esta. Pasa 12 meses en barricas francesas con trasiegos oportunos por decantación para eliminar residuos e impurezas.
A la vista se muestra con un color rojo cereza muy intenso pero con ribete teja muy evolucionado.
En nariz es potente y profundo con finos rasgos licorosos de fruta roja. Fragante y diferente a todos sus hermanos.
Boca intensa de fruta roja madura licorosa, balsámicos (menta) y flores marchitas. Potente, profundo y sabroso.

CASTRILLO DE DUERO 2010 (14,5% vol.)

Tempranillo de cepas muy viejas de 1940 de la parcela de “La Ladera” de Arauzo de Salce (Burgos) en la Sierra de la Demanda a unos 960 metros de altura. Crianza durante unos 12 meses en barricas francesas. En su elaboración se añadió el 20% con racimos enteros sin estrujar.
En copa es de color rojo picota intenso y profundo, de alta capa y buena densidad.
Nariz potente, elegante, concentrada, compleja y muy frutosa. Fruta roja muy madura, violetas, dulcedumbre, mineralidad… muy varietal.
En boca es una delicia… potente, fresco, tánico, persistente.
Se puede decir que es el vino estandarte con más calidad de Alfredo, dónde se nota el carácter de estas cepas viejas. Es un vino que tiene mucha vida por delante. De los que no dejan indiferente a nadie en una cata vertical.

El debate de la cata estuvo en torno a las enormes diferencias entre LA OLMERA y LA GUINDALERA. Siendo dos parcelas que están pegadas, una junto a la otra, las diferencias organolépticas fueron acusadas, incluso en el color. Sin olvidar que estos vinos están elaborados con la misma variedad, son de la misma añada, y tienen elaboración y crianza idénticas. Sólo es diferente el terreno, aunque estén pegados, de diferente composición en sus niveles. Según Alfredo, “La cosecha 2010 fue extrañamente diferente en cuanto a carga polifenólica, antocianos, taninos, etc… cosas de la naturaleza y no intervención en bodega”. La diferencia entre los vinos sólo es debida a los terrenos, el resto del proceso de producción es idéntico.
Desde aquí quiero dar las gracias a todas las personas que hicieron posible llevar a cabo esta cata-reunión entre amigos del vino. Desde Alfredo Maestro Tejero, pasando por Vicente Vida y Fran Cordero, hasta a los asistentes de esta buenísima tarde con excelentes vinos que expresan de forma clara las particularidades de cada añada.
¡¡Que se repita!!